viernes, 2 de junio de 2023

Unos postulados sobre la akraxia

La creatividad es lo opuesto a sufrir akraxia. Tener cierta capacidad para aportar cosas nuevas supone confrontarte todo el tiempo contra las fuerzas que subvierten tu voluntad o tu prudencia. Por eso la impresión personal que pueda tener una persona que siempre está dándolo todo es que, efectivamente, se siente muy limitado por lo que le gustaría hacer y no puede.

Aún así existen formas objetivas de quedarse satisfecho por cómo lo hacemos: se trata de mirar atrás y observar todo aquello en lo que has formado parte, en tu capacidad para hacer cosas nuevas y que funcionen para mejor. Por eso, siempre es bueno relajarse y mirar atrás - para no agobiarse con la ansiedad, lo cual podría llevarnos a otras formas de akraxia. Es decir, tan pronto como creemos que lo que bloquea a las personas son unos parámetros en concreto descubrimos que hay otros que también lo hacen. Por lo que hace falta una teoría más general de lo que realmente tiene que ver con este concepto.

Y, efectivamente, ésa es la idea de esta entrada.

Para empezar hay que introducir algunos postulados que no suelen ser mencionados, debido a que se suele trivializar el problema de akraxia a algo propio de la autoayuda. Esto es, se hace imprescindible determinar en el efecto bola de nieve que puede producirse cuando una persona es víctima de ese estado anímico.

Postulado 1. Cuando hay una ruptura entre la idealización y la justificación aquello que no fue su causa y que encaje como tal se incorporará formará parte de toda la sintomatología de la akraxia.

Esto quiere decir que existen distintas maneras de interpretar ese término, pero algunas de ellas son incompatibles con otras - o son contrarias directamente. Por lo que tras escoger los vectores que establecen la base que explicarán los síntomas, ésta será el propio perfil.

Postulado 2. Lo que es buen consejo en unos no tiene que serlo en otros. Lo que motiva a la akraxia puede ser relativo a la depresión de la acción o la incitación de la acción, cuando ese descuadre provoca la imprudencia.

Igual que podemos considerar negativa la procastrinación también lo puede ser la hiperactividad; esta hiperactividad implícitamente puede ser un mecanismo interno para otro tipo de procastrinación, es decir, lo que motiva al cerebro a hacer algo puede ser para tener la sensación de no hacer otras cosas. Ese podría ser un enfoque válido de lo que entendemos por la trasversalidad de la debilidad anímica mental que supone ese problema. Es decir, fomentar la depresión puede provocar la excitación interna, y fomentar la excitación puede fomentar la depresión.

Postulado 3. La consciencia solo mezcla distintos estados anímicos mentales cuando éstos se observan desde distintas perspectivas entre el corto y el largo plazo.

Esto significa que si bien he llegado a decir que se puede sentir ansiedad y depresión al mismo tiempo en este caso diremos por simplicidad que se debe considerar dentro de un ámbito de tiempo solo uno de esos estados anímicos, para luego considerar que también puede estar en otro estado contrario en otro ámbito de tiempo diferente. Por ejemplo, deprimido a corto plazo dentro de un estado de ansiedad a largo plazo.

Podría incorporar unos cuantos postulados más, pero tengo ganas de empezar a describir el modelo teórico. Al fin y al cabo, ya he comentado que este blog no es el lugar idóneo para defender una teoría en condiciones y, por otro lado, hay que decir que no soy neurólogo y, por ello, no es conveniente suponer que sé de lo que hablo solo por haber dedicado innumerables horas de estudio. Así que la siguiente teoría se debe considerar producto de un aficionado, dentro de la vulgaridad que supone no ser lo suficientemente explícito en muchos aspectos que más de uno consideraría imperdonable no mencionar. Y, por otro lado, huelga mencionar que probablemente esté mezclando conceptos que no deban ser mezclados - pero aún así, como este modelo se me ocurrió en una noche que me tomé un redbull, pues lo expongo y ya.

Por motivos difíciles de explicar, y que probablemente no tenga del todo consolidados, la base debe ser de cuatro valores, coincidiendo con las cuatro funciones del lenguaje de un semiacto en mi teoría del género único. Y es que este tratado al final encajará con una teoría muy peculiar que estoy desarrollando por la cual se relacionan protagonista y antagonista para, dependiendo del modo, uno vea cómo su historia se termina y el otro no (cuando el héroe concluye su historia con final feliz el villano sufre un tipo de akraxia). La frustración bien se puede considerar una sensación que se hace compatible con todas la causa original..., pero ya veré si desarrollo esa teoría en condiciones.

La forma más básica de akraxia será la procastrinación, que se da por cuatro posibles motivos: inefabilidad, abstracción, miedo y pesadez. Sus estados contrarios directos son: ultracontrol, proselitismo, adanismo e irrupción. Quien es víctima de lo inefable se le puede aconsejar que factorice, analice, desmenuce las partes del problema, que recoja los marcos, las funciones del lenguaje, las ideas... Así aumenta el control de la situación. De la misma manera, la víctima de la abstracción necesita concretar lo que debe hacer, evitar términos abstractos, establecer el comportamiento mediante un esquema que una las partes, vincular las ideas haciéndolas pragmáticas, resumir lo que se supone que se debe hacer en cada momento a una frase sencilla. La víctima del miedo bien podría confrontarlo viéndose como nacido para resolverlo, riéndose de las consecuencias, o incluso siendo el artífice de la creación de consecuencias mucho peores para hacerlo más emocionante. Y contra la pesadez lo mejor es adaptar el ambiente para crear una mayor dependencia a lo externo, su sorpresa, al drama que se monta alrededor; como hacer eso mismo mientras se ve la tele, si fuera compatible.

Hasta aquí lo más simple; nótese que quien tiene problemas de akraxia por inefabilidad no puede ser víctima del ultracontrol. Una persona que se obsesiona con controlar todos los aspectos de una actividad al final se centra demasiado en el continente y descuida el contenido. Es un vicio que se ha creado innecesariamente en contra de su objetivo. Esto puede producirse, por ejemplo, si en vez de hacer la actividad está más obsesionado con lo que hay relacionado con ella. Y es por ello que acaba haciendo cosas innecesarias y contraproducentes. Pero claro, si hace eso de más no tendrá problemas con lo inefable que resulta la actividad, para esa persona esa actividad es de lo más trivial - y por eso se ha obsesionado por lo accesorio.

Así al par inefabilidad-ultracontrol lo llamo AA, a abstracción-proselitismo BB, a miedo-adanismo CC y a pesadez-irrupción DD. Y, en combinación con los postulados anteriores, la akraxia no nos la motiva uno de esos pares, sino los cuatro. Y entendemos que es por depresión o por excitación. Por lo que aquí observamos 16 cuadros diferentes, que podrían resolverse con tratamientos supuestamente diferentes o parecidos.

Ahora estudiemos las otras cuatro combinaciones que se requieren según el álgebra que se viene demandando; para ello les voy dando un nombre diferente que pueda ayudar a entender su naturaleza.

AB: divinización-demonización, BC: vergüenza-borrachera, CD: timidez-desparpajo, DA: dependencia-sometimiento

AC: intrusión-supremacismo, BD: pesimismo-extremismo, CA: fobias-filias, DB: depresión-ansiedad

AD: paranoia-masoquismo, BA: frustración-cinismo, CB: dolor-placer, DC: martirio-sadismo

Visto así, la apraxia no es la elección de una de las cuatro líneas, sino una combinación de cuatro elementos de manera que, una vez colocados, los pares nombren una permuta de cada letra; es decir, al final la excitación y la depresión deben quedar compensados.

Por ejemplo: ABBACCDD, si lo separamos en posiciones pares e impares - ABCD/BACD vemos que son dos permutas de ABCD.

De esa manera, según este modelo, la depresión XXXXXXDB posee 288 variantes en su estado sincrónico, es decir, sin tomar en cuenta el que se mezcle con otros estados anímicos en otros ámbitos de tiempo.

Partiendo de este modelo podría retomar a las cuatro recomendaciones que solía hacer cuando un presentador de TV se congelaba ante la cámara..., pero eso es el tratamiento. Antes voy a introducir también la idea de los ámbitos de tiempo:

Como ocurre en el fútbol, o en cualquier juego de estrategia, importa la técnica, la táctica, la estrategia y la política que se tiene. Entendemos la técnica como lo que afecta a la memoria temporal, como saber controlar el balón de fútbol. La táctica, sin embargo, intenta centrarse en cómo obtener una ventaja en el juego (dicen que en el fútbol a la táctica se le llama estrategia, y viceversa, pero es lo de menos), la táctica es hacer una pared con un compañero, doblarlo o pasar a un punto caliente. La estrategia intenta pensar en cómo afrontar el partido entero, a grandes rasgos; como la alienación, si se quedan en defensa..., y por último la política, que es lo que trasciende a todo esto, pues se centra en cómo afrontar las consecuencias del partido según la liga: no es lo mismo jugar sabiendo que vas a ganar la liga, que hacerlo obligado a no empatar. Así, vemos cuatro estados anímicos que pueden solaparse fácilmente dependiendo de en qué ambito estemos trabajando: flagrante, inmediato, cortoplacista y largoplacista.

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Este modelo creo que me da buena vibra. No sé..., veré si lo combino con otras teorías y con mi experiencia personal.

 

jueves, 1 de junio de 2023

Introducción al Tratado sobre la Akraxia

La diferencia entre una teoría y un tratado bien pudiera considerarse que es que si bien la teoría reúne toda una gama de postulados a los que intenta darles un sentido inteligible el tratado parte más bien de agrupar teorías distintas que ayude a comprender hasta qué punto un término afecta a todos los campos.

Está claro que un blog no es el lugar idóneo como para exponer teorías, aunque sí es más que suficiente para presentarlas como en previsión de algo más oficial. De la misma manera, una entrada de blog más que exponer tratados es más adecuado decir que lo que desarrollará será el análisis de un término o hipónimo y el contexto social o científico en el que se presenta.

Akraxia es, quizás, justo la palabra que necesitaba para rellenar una pieza fundamental del puzzle. Hace poco descubrí una youtuber (Clara Carmona) que la utilizó para ayudar a entender la procrastinación, y expuso una teoría que me pareció de una utilidad excelsa. Huelga mencionar que esta youtuber habla con un lenguaje que me complementa perfectamente mi trabajo: partimos de la neurología para estudiar el comportamiento humano y aplicarlo a nuestro campo, en ella puede ser la medicina y en mi caso la informática. Y para hacerlo hay que leer ensayos aprobados.

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Akraxia es el acto de ir contra tu propio buen juicio. Es un término maravilloso porque en varias ocasiones se me ha planteado la posibilidad de desarrollar teorías que clasifiquen las enfermedades mentales, y éstas suelen emerger del alzheimer (para Freud locura es recordar algo que no ocurrió) o la esquizofrenia (cuyo cuadro es un mapa violento indescifrable por todas sus variantes). Suena interesante que, más bien, pudiera encontrarse un buen germen clasificatorio a partir de un esquema menos material y más volitivo.

De la misma manera, podemos observar hasta dónde llega el término: cuando una persona cree actuar de manera egoísta con los recursos de todos cuando en realidad obra racionalmente en su propia contra decimos que es un idiota. Es decir, en ocasiones hay actos que podrían defenderse desde un afán delictivo y, por tanto, sería socialmente reprobable, cuando ya no una enfermedad mental. Y sin embargo, la delgada línea que convierte al malo en idiota puede ser muy fina; la misma línea que separa al ignorante del necio, o al infantil de la víctima de apraxia.

Los niños, bien pensado, podrían considerarse los mayores inmunes a la apraxia, pues las decisiones que tienen que adoptar suelen estar más desligadas de las mayores responsabilidades. Obligar a un niño a responsabilizarse de algo que solo un adulto es capaz, como hacerle conducir un tractor, no hace al niño víctima de apraxia, sino al adulto un idiota.

Así, podemos comprender la dificultad que supone el término. Sin ir más lejos, si existe el riesgo al fracaso debido a la procrastinación también existe el mismo riesgo debido a la hiperactividad. Ambos vicios pueden volverse patológicos, incluso en infantes y, probablemente, cuando se vean situaciones extremas sea debido a la intromisión de los fármacos o discapacidades extremas.

Así, debo partir de la normalidad. Entre otras cosas porque yo uso este blog para desahogar mis pensamientos y, puede, algún día convertirlos en un modelo innovador. Algo que sirva para algo. Al menos el tiempo que estoy aquí es un tiempo que no lo dedico a mirar las musarañas.

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He decidido cambiarle el título a esta entrada, para pasarlo a llamar "Introducción al...", y es que aunque el modelo ya lo tengo hecho no creo que sea estético para mi blog hacer entradas tan grandes. Sobretodo porque solo la introducción al tratado me llenaría páginas y páginas de referencias a otras teorías para así conformar el todo que es merecedor el término que aquí se trata.

Sin ir más lejos, ¿acaso no es cierto que algo que me caracteriza es precisamente lo muy participativo que puedo llegar a ser en este mundo globalizado? Quizá por eso mismo, y no tanto "quizás", he perdido múltiples ofertas de empleo. Aunque, de la misma manera, sé que podría haber conseguido ser un tipo de esos que van con corbata si hubiera querido tragar empezando como empiezan todos al menos en España: vendiendo casas. Lo que pasa es que siempre hay que pasar por algo que no me gusta en absoluto: llevar a cabo un proceso temerario (no valiente) de abandonar tu mundo, de invertir en el intento y, si demuestras saber vender tu producto, entonces podrías cruzar los dedos porque lo siguiente no será vender casas.

¿Son esas malas decisiones que yo mismo adopto ejemplos de akraxia? ¿Era Diógenes la más clara víctima de la akraxia acaso? Efectivamente la definición la ponen los que quieren fijar su idea de felicidad. La cosa en sí está en que la akraxia debe vincularse con el arrepentimiento que siente el que no ha hecho lo que racionalmente puso en su agenda. Así que se puede evaluar el nivel de akraxia que tiene una persona simplemente leyendo su agenda, o al menos en principio. Y digo que "al menos en principio" debido a que el que no destina la verdadera agenda en una agenda física no puede luego leerla como si fuera un tercero para determinar las inacciones, las sobreactuaciones, el mesianismo, inactividad expresa..., etc. 

Un artista largoplacista necesita una agenda y un diario y, en la medida en la que necesite menos arte o el proyecto sea menos ambicioso, puede reducirlo a un mero cuaderno bien organizado. Cuando estuve trabajando de desarrollador de software en la primera empresa que me contrató me sentí muy cómodo rellenando en un cuaderno mis notas de a diario y apuntes de agenda sobre qué hacer para después. Debido a que disponía de una herramienta CASE donde almacenaba todos los requisitos desde un DFD podía tener un control absoluto de la traza y los cambios que me pedían sobre la marcha; por lo que la presupuestación en horas me resultó convencional. Es decir, en una ingeniería es imprescindible disponer de un esquema gráfico que te ayude a capturar los requisitos para que puedas atenerte a un presupuesto en horas - para que puedas hacer lo que tienes planificado.

Cuando trabajé como delineante y me pedían presupuestar en horas mis ajustes de planos mis compañeros creyeron que me resultaría difícil, sin embargo lo que no saben es que la experiencia de presupuestar requisitos de desarrollo de software es mucho más complejo que los que te obligan a desarrollar planos. Y no es un decir: los problemas de diseño que se desarrolla en un lenguaje informático son mucho más complejos que los que desarrolla el lenguaje de la construcción de edificios regido por el estandar republicano de lo que es una vivienda digna y las pocas leyes estructurales que asumen la carga del edificio y que suelen ser invisibles al promotor de la obra (a excepción de las ventanas, que es otra historia).

Visto lo visto, he adquirido suficiente experiencia en despachos como para ser un señor con corbata. Sin ir más lejos, mi último trabajo asalariado fue como consultor de empresas en aplicación de la ley orgánica de protección de datos. Y ahora soy mi propio empresario. Esto es, tengo toda la experiencia que hace falta para dirigir equipos grandes: logística, presupuestos, agendas... Sin embargo hay una sola razón por la cual nunca sería escogido, que encaja con el hecho consumado de que lo escriba aquí, y es que parecería que soy de los que no saben esconder secretos, o parecería que no soy capaz de mantener la imagen de empresa... ¡Vamos! Que no podría vender un producto difícil porque mi propia imagen no parece vendible.

Esto último también tiene que ver con la akraxia: saber callar cuando no corresponde hablar. Es como una manera de ser educados, y no creerse con derecho de cuestionar lo que en el fondo no te va a aportar nada ¿De qué sirve discutir con un sujeto que no va a cambiar su punto de vista (por ejemplo)? Ese problema de ego, más allá de la pérdida de tiempo, también puede provocar la pérdida de un proveedor de servicios. Y eso ya no es inteligente.

Por esa razón, por lo mucho que recuerdo a Diógenes, nadie me pondría una corbata. Y, en cierta manera, me parece bien. Quizá sea un moderno diógenes. Quizá esté destinado a vivir asqueado por la ausencia de seguridad jurídica en la que me encuentro debido a mis proveedores de servicios y la falta de democracia en este país. O también es posible que algún día descubra ese país que me acoja donde pueda terminar mis días encontrando una cierta sensación de paz exterior acorde con mi realidad interior.

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Otra consideración relativa a la akraxia es un detalle terriblemente obscuro que se mueve entre los más eruditos de nuestro tiempo. Ligados por la alienación marcada por la filosofía de su tiempo se ven incapaces de distinguir las singularidades que se están viviendo, así que se muestran incrédulos ante los avisos lanzados por los expertos en su área. Ese quieroynopuedo incluye el tener que aceptar que tal vez muchos que habrían cuestionado el dogmatismo de los demás se vean a sí mismos señalados por no querer aceptar una realidad presente. 

Muchos lo llaman intolerancia. Yo lo llamo hacer trampas, pues se trata de un sesgo cognitivo. Y cuanto más se desarrolle ese sesgo más se acercará a lo imperdonable: el sesgo Chewacka, que es cuando se pasa de tecnócrata a idiota. Más en concreto, ¿no os ha pasado de querer hablar con un historiador en filosofía sobre la singularidad social que se vive con respecto a chatGPT y éste se ha mostrado con lenguajes viejunos? Sabe que debe cambiar el lenguaje, pero no lo hace.

El tecnócrata no aceptará que alguien fuera de su gremio le dé explicaciones sobre cómo funcionan algunos de los temas en los que más ha invertido su tiempo. Ese "no aceptar" es una forma de akraxia que se puede hacer patología. Y es que llama la atención cómo algunos saben distinguir al loco del genio con solo hablar con él - ¿pero acaso el genio no deja por loco al que no le sigue el ritmo y el loco contagia sus tropiezos en quienes confían en él ciegamente? Tan fácil no será hacer la distinción sabiendo la de religiones que hay hoy día en activo, y sectas..., e ideologías locas. 

Y, por tanto, si no es tan fácil distinguir a un genio de un loco, ¿cómo es posible aseverar con una certeza absoluta que una máquina no ha alcanzado la singularidad ya? ¿Tal es el poder del historiador de filosofía que sin haber leído una sola línea de código ya es capaz de asegurar cómo está hecha la maquinaria y cuáles son sus limitaciones? Huelga mencionar lo terriblemente difícil que es hablar con un tecnócrata, cómo se indigna al cuestionar a su dios, su terminología sacrosanta..., y que luego tenga que combinar esas maneras con un aparente lenguaje tolerante. Esto último, lo que es a mí, me genera una mezcla extrañeza, tristeza e hilaridad imparable. Creo que la sensación es: entrañable. Hasta que empiezan a insultarte, censurarte, manipular tu imagen..., y entonces es cuando lo entrañable pasa a ser asco, puro y duro.

¿Tan díficil es pedirle a la gente que no pase la barrera de juzgar a quien tienes delante? ¿Quién tiene tanto poder como para ir leyendo cartillas? ¿Quién le otorgó ese poder de manera legítima? ¿Es compatible con alguna idea de democracia, pacto social, relación horizontal entre personas? Parecería que el señor tecnócrata, al tratar con la plebe, se ve con el derecho de moverse en un doble lenguaje donde sabe racionalmente que miente, pero que actúa en base a su situación adanista de ser el regulador de este mundo junto con "los suyos".

Ya llegará la idiocracia, como zénit a esta civilización postmoderna. Y entonces la akraxia se dará con tal asiduidad que nos será imposible contabilizarla de manera eficiente, o incluso percibirla como tal. Cualquier acto que hoy día nos parezca realmente idiota en unos años será un acto normalizado por los marcos definidos por las polis. Y mientras haya alguien a quien le parezca normal a todos les parecerá correcto. Así hasta que se viva la singularidad del modernismo y se cambie de ciclo..., o la humanidad perezca en su inacción.





sábado, 27 de mayo de 2023

Una caja de fruta cultural

Anoche soñé que era librero. Que había alquilado un local donde vendía productos para gente joven. Sin embargo, tan pronto me hice dueño de ese local me asaltó el recuerdo de cuando visité ese local siendo otro el dueño. Entonces ya estaba en otro mundo, otra realidad, y siendo cliente en ese local yo era el dueño de la tienda de móviles que tengo ahora. En esa otra realidad pude ver dos cajas llenas de libros; los paquetes enteros eran temáticos, ya sea de una serie manga o de una serie americana mezcla entre Dragones y Mazmorras y Scooby Doo.

Sea como fuere pude ver toda esa miscelánea de mercadeo que completaba el paquete: mapas, cartas, libros, enciclopedias..., todo un sistema para disfrutar de ese mundo imaginario bajo una única temática. Cada complemento se podía vender por separado pero, claro, en su conjunto se ganaba mucho más.

Se trataba de un paquete que ofrecía un enorme valor añadido: y en el estado de ensoñación en el que me encontraba todo el paquete costaba unos 300 euros. Quizá lo que costaría un videojuego en el mundo de la vigilia, pero todo con papel.

Yo me pregunto cómo queda la cabeza del joven que cada vez tiene más y más estímulos. Quizá se vuelve más y más exigente con lo que percibe, o quizá se vuelva más creativo. Pero las partes de su cerebro bien pudieran diferenciarse en cuatro grandes partes, según la dominancia cerebral de Herrmann. Y quizá lo pertinente sea hacerle una fotografía al desarrollo cardiovascular de las neuronas de un joven de manera que el nivel Gini sea el máximo.

Visto así, si vivimos en una sociedad que potencia demasiado las sensaciones (semiótica), y poco las letras (semiología, o metasemiótica según qué autores), entonces los productos que fomentan la activación, la partipación, etc..., serán los que aporten más valor. Ya sea librojuegos, juegos de rol, etc... Asímismo, las redes sociales tan pronto como fomentan la participación individualizan el resultado para crear una falsa sensación de magnifización de la aportación ¿Y qué pasa con el fracaso? ¿Se asume o se convierte en frustración? Las redes sociales tienen que reinventarse para la juventud, o prohibirse.

Por otro lado, se me cruza por la mente cómo en una caja de fruta cultural podría encontrarse grimorios, periódicos de la época, dinero falso, dados..., y así crear el ambiente necesario para desplazar a esos lectores y jugadores al mundo manual que quieran construirse. Me recuerda a cuando iba al colegio y nos llegaban los libros de texto: ¡eran tan hermosos! Lo malo de los libros de texto era lo mal usados que estaban por los profesores, porque se valían de ellos para torturar a los alumnos, obligándoles a repasar lecciones y repetirlas constantemente - cuando era más lógico seguir avanzando y que un tutor se encargue de proponer en la agenda de cada alumno el apuntarse a un temario o a otro, ni siquiera invento nada nuevo, ni nada difícil. Cualquier intento es más fructífero que la tortura de la repetición: hasta tu canción favorita la puedes aborrecer de tanto escucharla reiteradas veces. Y un adulto con un problema de compulsión, que está probando a intentar dar las clases de mejor manera, tiene mucho más aguante que unos niños hartos de que les repitan lo mismo con lo valioso que es su tiempo.

En la enseñanza, así como en el mundo de la diversión, no es imprescindible las máquinas de información. Se puede sacar provecho de una suerte de libros, siempre y cuando éstos estén dirigidos a ellos, y no al revés. La literatura juvenil es diferente a la literatura para adultos. Asímismo, se enseña en la escuela y el instituto qué es la literatura para adultos, la historia de la misma, de manera que parezca que el estudiante ha leído todos esos libros - cuando eso es imposible, y de lo más ineficiente ¿Cómo va a concluir en todo lo que dicen los libros de texto de literatura tras haber terminado de leer lo que les dé tiempo a leer en el periodo escolar? Ni siquiera esos autores están pensados para ellos.

Cuando te regalan un paquete lleno de libros éste debe ofrecerte el jugar con todo lo que te ofrece desde cualquier perspectiva, incorporando libros de pasatiempos, independiente de diccionarios con los que poder jugar a juegos tipo pasapalabra o tabú, así como atlas para jugar a juegos de rol... Y la propaganda mejor que se puede hacer es aprovechar los salones de manga para mostrar cómo se aprovechan esos paquetes, regalar muestras, vender otras... Jugar con los asistentes. Todo eso combinado con exposiciones.

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Se me ha puesto la mirada ésa de las mil yardas. Habrá familias donde eso podrá vivirse con normalidad. Habrá universidades donde los profesores no te acosen por llevar las cosas al día. Habrá centros de secundaria donde los profesores no creen listas negras, blancas y grises; donde las notas correspondan con lo que se pone en el examen y no por las circunstancias. Y si se crearan productos frescos culturalmente hablando, que devuelvan a la juventud la vigorosidad intelectual que merecen disfrutar, entonces ¿podrían ser saboteados por adultos que no quieran que sobrepasen ese techo de cristal?


viernes, 26 de mayo de 2023

Damas y Reyes. Filosofía de la emoción

Imaginemos un tablero con 8 damas donde se ponen los peones, y 8 reyes en la fila de atrás. El enfrentamiento de blancas contra negras podría hacerse con solo dos figuras de ese tipo, sabiendo que jaque mate es todo jaque que no pueda ser evitado. Sin embargo: ¿sería más o menos emocionante que jugar al ajedrez? ¿Tiene sentido este cálculo?

La emoción forma parte de la retórica; esto es, si separamos un folio con una línea vertical para listar palabras en dos columnas tan pronto como pongamos eficacia a la izquierda pondremos eficiencia a la derecha, de la misma manera si damos con un término cuya definición se hace inherente al individuo y a su semiótica bien podríamos rodear la palabra con un círculo, mientras que si el término estuviera delimitado por el estudio de la semiótica dentro del lenguaje a través de la semiología entonces podríamos rodear la palabra con un cuadrado. Así, tan pronto como ponemos la sabiduría a la izquierda y la rodeamos con un círculo, a su mismo nivel a la derecha apuntamos la inteligencia y la rodeamos con un círculo. Otra palabra sería el papel de la ética, como moral explícita desarrollada a través de la deóntica dentro de la lógica modal, entonces estaría en el lado izquierdo encerrado en recuadro. Ya, para rematar estos ejemplos, observamos que la retórica tendría que escribirse a la derecha y bajo un recuadro.

Así, tras hacer un estudio pormenorizado de los distintos hipónimos que encontremos en nuestro corpus filosófico, tendremos las dos grandes columnas rellenas con palabras etiquetadas bajo círculos y recuadros emparejadas o no entre sí. Visto de esta manera, el remate final de nuestro estudio consistiría en determinar en qué medida todas las palabras colocadas bajo un mismo lado y clasificadas dentro de un mismo marco acaban siendo englobadas por una sola, como formalismo más general desde el cual puede emerger como un árbol desde su raíz para ir clasificando cada término en su correcta definición.

Visto así, los recuadrados derechos, que correspondería con una de las áreas definidas por la teoría de la dominancia cerebral de Herrmann, tendrían como representante formal, empero, la "retórica". Y, dentro de la retórica, tendríamos la manera de dar con la emoción - siempre y cuando nuestro estudio semiológico esté a la altura como para encontrarle sentido a ese término.

Cuando un juego que se considera suficientemente perfecto en sus reglas, como podría ser el ajedrez, se le cambia en algún aspecto de manera trivial es posible que lo que se haga sea: simplificarlo o complicarlo y, por otro lado, acelerarlo o enlentecerlo. La simplificación no siempre está ligado con una aceleración y, por otro lado, es posible que se proponga el suficiente número de cambios como para que haya nuevas complejidades, simplificaciones, etc...

Si al ajedrez le eliminamos todas las piezas menos importantes, como en la propuesta que hago al principio, lo que obtenemos es una réplica exacta de lo que es en esencia la búsqueda de la resolución, del jaque mate. Ahora bien, una vez eliminado todo lo que entendemos de ajedrez con ese nuevo esquema: ¿se le ha perdido toda emoción o se le ha renovado de alguna manera?

La retórica tiene como uso la representación de los símbolos que usamos para pretender alguna suerte de eficacia sabiendo que, como explica Eco en la Estructura ausente, supone una paradoja para el que pretende ofrecer alguna clase de sabiduría o enseñanza: el acto de retórica introduce inherentemente afirmaciones poco fiables, que colorean la razón por la cual suenan convincentes. Por ello no se puede considerar la inteligencia una forma de sabiduría: pues no se llama al listo como tal por ser sabio, o prudente, sino por tener las reacciones necesarias propias del superviviente. Como que tampoco es lo mismo ser creativo que ser estructurado, ni tampoco son conceptos contrarios: pues puede el sabio basar sus conocimientos en su inteligencia.

Una vez aclarados estos términos, lo cual es terriblemente necesario a partir del corpus al que estoy habituado con debates estériles sobre lo que es la inteligencia o la creatividad, entre otras cosas, ya procedo a entrar en valor lo que pasa con la emoción.

Uno de los títulos que tenía pensado para esta entrada iba a ser: "La culpa no fue de Rousseau". Lo que pasa es que es terriblemente difícil saber cómo enfocar una entrada. Tan pronto como se explican unas cosas en realidad te das cuenta de que podrías centrarte en otras, y aún así hay muchísima tinta por poner. No hay que olvidar que estas estructuras, que afectan a significantes, por necesidad afectarán a cualquier uso fundamental que le demos - como puede ser en la política social. Así que procederé, ya que este párrafo me ha dado por convertirlo en una disculpa, a girar el argumentario en este punto.

Los reyes de la ley debería de ser el Pueblo. En cuanto el magisterio queda eliminado el juego se puede dar por terminado. El propio Rousseau lo explicaba en "El contrato Social". Ya habré mencionado decenas de veces la importancia que tiene el capítulo cuarto, el que habla del pacto social - y que es el único germen fundamental de lo que hoy día se suele llamar socialismo.

En todo el libro este filósofo francés nos hablaba de las atribuciones que tiene el rey, la iglesia y el dinero. Sin embargo, a la hora de hablar de la paz social estos elementos son extraídos por completo. Para conseguir establecer un pacto social no hace falta ni rey, ni Dios ni capital. Trabajar con el magisterio de un monarca, o bajo la vigilancia de la Iglesia y con dinero no es el problema en sí - más bien es lo que nos da problemas, pero no es un problema en sí.

No haré mención de los diversos países que se movían bajo unos estatutos tácitos que permitían a las tribus vivir bajo un régimen de capitalismo laxo y que, con la llegada del neoliberalismo, retrocedieron en derechos fundamentales y se empobrecieron de manera alarmante.

Está claro que a medida que la población crece se va requiriendo cada vez más un modelo más planificado, puesto que la monarquía no está a la altura de las espectativas del verdadero control de un país que aborde todos los problemas - más allá de darles magdalenas a la gente hambrienta. El juego de lenguaje que es necesario para abordar estos asuntos requiere reconocer los distintos roles en la sociedad y, en el estudio de este juego, observamos una mayor riqueza intelectual que supone un reto mucho más profundo de cara a nuestros intereses. Y es que no es lo mismo jugar a un videojuego de supervivencia que consiste en matar bichos e intentar recolectar reliquias, que el mismo juego ofreciéndote la posibilidad de mejorar tu personaje y crearte una morada.

Devolverle al Pueblo el protagonismo del poder supondría inventarse unas reglas de juego mucho más complicadas, pero era un reto necesario dada la realidad que se vivía entonces - donde dirigir el magisterio a través de un monarca era lo más eficiente que se conocía y, al mismo tiempo, tenía un efecto devastador sobre la sociedad. Y es que poner el problema sobre la mesa no puede ser nunca el problema, habría que echarle la culpa de lo que sucede a quienes imponen su solución. Es de cobardes negar al todo por cómo se ejecuta una parte.

En la filosofía oriental se considera que si un problema no tiene solución entonces, como tal, no es un problema. Pues bien, si no es un problema tampoco lo será paliar los efectos del mismo. Esto es, si la muerte no tiene solución, la agonía de la enfermedad deberá ser nuestro objetivo - lo que no puede ser es que se condene a quienes quieren traer el debate del dolor.

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Ayer recibí un correo sobre un nuevo concurso que está proponiendo Kaggle a los datacientíficos, consiste en crear el atlas de la red vascular humana. Algo así como una red de carreteras de un trillón de células, o también: una manera de hackear el cuerpo humano al descubrir cómo se organiza. Según algunos estudios, la captura de esas imágenes puede ser más informativo no solo sobre el estado anímico de un paciente, sino que además parece que es más informativo que lo que nos digan las proteínas..., vamos, que se han hecho ensayos diciendo que este juego del lenguaje es más eficiente y le ofrece a los médicos una visión mucho más profunda sobre lo que necesitan saber de la enfermedad del paciente.

Cuando a un médico se le ofrece una nueva herramienta éste puede observar la dificultad que supone aprender a usarla, pero la emoción que siente debe estar ligada a la innovación que aporte la herramienta. Realmente, más allá del descubrimiento que suponga desarrollar una herramienta que hace algo diferente, además debe ser capaz de ofrecer en algún sentido más por menos. Y es que eso es algo que llama mucho la atención a la hora de cambiar las reglas y justificar su emoción.

Cuando una sociedad consigue ofrecer más por menos dentro del pacto social entendemos que está evolucionando con la emoción propia de una democracia. Así que si debemos echarle la culpa a algún grupo de personas sobre las matanzas que ha habido no tiene ningún sentido centrar la mirada en quienes nos desarrollaron la semiología con términos necesarios. Es decir, los ilustrados nos dieron cultura, nos dieron las palabras que se nos arrebató en el medievo..., pero, ¿quiénes guardaron celosamente las palabras?

Podría echarle la culpa a la iglesia o a algún monarca y así podría quedarme tan pancho..., pero no. El error debe ser sistémico. Más en concreto, ¿y si hubiera un error de fondo en la historia de la humanidad y de los genocidios que se han llevado a cabo en nombre de la Justicia? Sí, es ahí donde hay que mirar. Siempre usamos la misma palabra: Justicia.

A medida que han estado pasando los años la Justicia ha sido cada vez más y más y más y más lenta. Esa lentitud además se encarecía cada vez más incorporando más y más y más especializados en el área. Gente que en vez de aportar más eficiencia parecía burocratizar aún más los resultados para aumentar el papeleo estéril.

Hay que centrar la atención en lo siguiente: vemos a un juez español que entra en un juzgado. Este señor, por ser muy competente entre los suyos, porta como cinco quilos o más de papeles. Se entiende que cada uno de esos folios se los va a tener que leer este señor antes de llegar a un veredicto ¡Qué emocionante eso de ser juez!

La sentencia finalizará con solo unos pocos gramos de folios ¿Suena trasparente? El asunto es que, como si fuera un enviado del Padre Supremo y Señor Hacedor de Todo el Universo en su Infinito Amor, el juez nos deleita con una interpretación que en ocasiones no suena en absoluto a científica y, lo que es peor, muchos juristas niegan que el Derecho deba ser tratado como una ciencia. Claro..., como que el origen de todos los mayores crímenes proviene de la desidia y el odio de estos señores.

Como si aún estuviéramos en el medievo, algunos jueces gustan de ser tratados con una especial distinción. Y, por supuesto, lo mismo pasa con las leyes, que en vez de ser una expresión de la moralidad del pueblo se convierte en un explícito secuestro a traición con las manos llenas de dinero llevado a cabo por juristas. Como, de hecho, ocurrió con la Constitución Española del 78, así como el robo llevado a cabo después para arrebatarle a España la soberanía. Ojo: hay que echarle la culpa a los juristas, pues el fiscal es un jurista y no se quejó, el juez es jurista y no abrió la boca, y al magistrado de las instancias más altas se le encomienda un trabajo de jurista y tampoco dijo nada. Al menos nada, me refiero, que sonara defendible dentro de algún contingente posible.

Así, ¿qué es lo que movió a Marx el alzar la voz contra el burgués? Redefinámoslo: la inoperancia de la justicia ante unas leyes que daban garantías pero que no eran efectivas.

¿Qué es lo que hace que el empresario esclavice al trabajador? El hecho de que haya leyes que lo impidan y, al mismo tiempo, jueces que interpreten la ley de manera prevaricadora para hacer posible su visión torticera de la democracia. Esto es, si las indemnizaciones estuvieran a la altura del daño real, entonces los empresarios serían los primeros en querer negociar con los trabajadores, y no al revés - pero como las indemnizaciones son dictaduras establecidas por los juristas que quieren proteger el crimen organizado por las estructuras burguesas que someten a la población bajo una tiranía entonces lo que obtenemos es caos.

Por otro lado, alguien se queja de que cada vez las empresas están destrozando más y más a los trabajadores. Estas empresas ganan más y más dinero gracias a esa manera de desechar mano de obra, que puede acabar muriendo enferma y se convierte en carne de cañón temporal. Así que las empresas que no interpreten la ley de esa misma manera serán sancionadas no ganando tanto como las primeras. La cosa es, la ley es clara, pero ¿cómo se indemniza el daño? DA RISA. La culpa de los conflictos la tienen EXCLUSIVAMENTE LOS JUECES.

Si la ley es del Pueblo, ¿por qué un señor que asegura que interpreta nuestras intenciones acaba incorporando sus propias perversiones en sus fallos? Así se observó con la idea de las "subcontratas": concepto inexistente creado por los jueces españoles. La idea es que si una empresa externa se encarga de los recursos humanos entonces, ¿quién se encarga de la seguridad del trabajador? Un debate inerte que supone un reto para quienes quieren subvertir el orden democrático.

De la misma manera, un profesor universitario agrede a un alumno debido a alguna clase de perversión sexual que tiene ese profesor, ¿puede considerarse un debate considerar su expulsión de ese y cualquier centro sabiendo que no había vínculo personal entre alumno y profesor? ¿Se reinsertaría a un pederastra en una guardería?

El cómo se reestructura la sociedad y sus juegos a un modelo terriblemente ineficiente, donde la meritocracia es una utopía, donde los jóvenes no ven emocionante integrarse en el sistema, nos obliga a tener que mirar con una mirada fuertemente crítica hacia los engranajes que más chirríen. Esto es, lo que va más lento en el vehículo es probablemente lo que frene a todo el sistema. Si algo está muy frenado y encontramos vínculos formales que nos inducen a comprender que pueden ser la causa del problema entonces la correlación ya se puede dar por justificada.

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De vez en cuando vemos cómo en el marco establecido por la ventana de Overton se intenta centrar la atención hacia la siguiente tontería: que si rey o no, que si izquierda o derecha..., asuntos que son coyunturales para el auténtico problema. Hay un problema real sobre la promoción a juez, sobre la ley del enjuiciamiento criminal, sobre la compensación moral, sobre trasparencia judicial, sobre el control del Pueblo con la interpretación de sus leyes..., y cada vez va a peor y sus efectos son cada vez más nocivos con parches en formato de dictadura, más leyes absurdas, más laberintos y, por tanto, más corrupción y mayor pesadez para la aplicación de las leyes, que provocará que los ricos salgan ganando.







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