viernes, 9 de abril de 2021

La formulación es la que persiste

Las excusas de Stephen Hawkins sobre porqué no defendía formulaciones en sus libros siempre me parecieron muy sosas: aseverar que un libro de física gana más éxito cuantas menos fórmulas ponga creo que es un error de bulto. Esto es, si voy a escribir un libro de filología inglesa debo poner algo en inglés, si es sobre la Biblia debo citar algún extracto, si es de matemáticas algún teorema deberá ser citado y, por supuesto, si es de física deberán ponerse fórmulas interesantes que vayan a la par con los temas que aborda el libro.

Me doy cuenta de que mis ensayos que abandoné a su suerte es lo que tienen más visitas. Es decir, mis aportaciones en medium sobre divulgación informática desde que los publiqué suelen tener unas 150 visitas a la semana; a pesar de haber abandonado casi hace dos años la publicación. Ya ni me acuerdo de cuándo dejé de publicar.

Mis aportaciones en Youtube, con el fin de experimentar, he observado que el vídeo que ha tenido mayor repercusión (sabiendo que el canal está aislado del resto de las redes sociales, sin publicidad ni nada), ha sido donde me valgo de la antropología y del F1-score para demostrar la existencia del patriarcado. Es decir, donde se ve una formulación estadística a partir de un concepto que suele estar de moda. El otro vídeo donde rectifico la plusvalía también tiene sus visitas, aunque tiene más el vídeo donde parodio una confrontación con un famoso, Armesilla. Donde le intento comunicar por teléfono sobre la existencia de dos fórmulas sencillas que nos ayudarían a corroborar lo socialista que es un país.

En este blog ha tenido más peso conceptos como el test de la consciencia o el análisis del chiste antiguo que, si bien no están llenos de fórmulas, sí parecen pretender convertir en fórmula lo que parece no tenerla.

Así que podría establecer una correlación entre mi participación exitosa y el hecho de que quiera ponerle fórmula a aquello que no parece tenerla.

Yo creo que eso es fórmula de éxito cuando no defraudas, cuando realmente esas fórmulas predicen cosas. Por eso aún siguen leyendo mis cortísimos artículos de medium, donde no se desarrolla más que la mera introducción - lo más básico. No hay un análisis pormenorizado, y aún así no paran de visitar tales artículos. El 75% de la gente les echa un vistazo, el resto se queda leyéndolos.

Sin embargo aún no han visto tan profusamente otro de mis artículos; sí se ve que valoran mis aportaciones a la pragmática en filología, que se han olvidado de mi artículo sobre la fusión entre la ética y la moral, pero no se han percatado de mis micromáquinas. En el artículo en inglés las llamaba "the micromachines". Se trata de un artículo sobre la fuerza bruta y el patrón observer. De cómo se puede obtener un resultado muy rápido apurando el número de casos analizados.

Y es que para que se percaten de una fórmula antes deben comprenderla. Si la fórmula es sencilla entonces ya se dispara el interés, aunque tarde o temprano decaerá por su facilidad para ser reemplazada. Si es más compleja debemos entender que aguantaría por mucho tiempo en el supuesto de que otras formulaciones no fueran tan relevantes, pero antes debe haber un primer acercamiento o estudio.

Las fórmulas son lo que hacen los artículos persistentes. Siempre que hay una apreciación en cualquier clase de columna es la fórmula, o la exposición de una correlación de datos asumibles dentro de una buena teoría relevante y coherente, lo que hará que la columna de opinión persista. Si bien no puedes correlacionar nada con tan poca información siempre puedes abstraerla de manera que divagues en términos más amplios - para luego mencionar la irrelevancia de la excepcionalidad y desarrollar tu propia falsación. Pero no es posible formar una opinión sin una idea de formulación, sin una idea de regresión lineal o normal en los datos, sin una idea de persistencia en la generalización de la información. Si no existe esa generalización entonces no existe mensaje, no existe una razón por la cual leer esa opinión.

Siempre hay que sacar conclusiones.

Las conclusiones no son de cualquier manera: deben tener el formato de máximas universales. Se debe poder citar tales conclusiones para aplicarlo en todos los contextos donde el divulgador manifestó que era aplicable. Así se podrá falsacionar, que es lo que le da veracidad ¿Cómo habrían sido mis artículos si mi código no hubiera funcionado? Era tan simple como copiar y pegar. Tan simple como explicar cada extracto y la razón de ser. Y de no entrar en detalles de sentido común, como proponer un sistema de pesos cuando haces medias, sino sólo proponer la media y explicar porqué funciona. Las generalizaciones son de sentido común, para quien quiera desarrollar la teoría en su propia casa.

Yo creo que esa ha sido la fórmula de éxito, y mi experimento en Youtube creo que me ha ayudado a corroborarlo.

Hay palabras calientes que en su ámbito deben ser abordadas con la fórmula que le corresponda, y para ello nos valdremos del lenguaje técnico que se deba. En Youtube el lenguaje es uno, en Medium el lenguaje es otro. Si se plantean fórmulas que no van a servir para nada entonces es algo que se volverá un peso muerto. Si se evitan fórmulas que por coherencia deberían de ponerse en la palestra entonces correrás el riesgo de parecer no tener suficiente nivel. Si metes fórmulas de más, parecerá que alardeas de algo que no tienes. Si pones excusas de todo tipo para no formular entonces todas esas palabras serán muy pesadas, aburrirán como el discurso de un abogado hablando en sustitución a un poeta.

Jugar con las álgebras es un arte en el mundo de la divulgación. Dar con esas álgebras es pura ciencia en el mundo de la investigación.



jueves, 8 de abril de 2021

Los formalistas no han leído a Popper

Creo que hay una nueva horda de formalistas acechando las redes. Da la impresión de que si hablan de filosofía pueden montarse todas las historias que les dé la real gana. Y claro, mientras siguen hablando y teorizando, veremos materialmente a una gran cantidad de personas pasándolo mal. Pero eso es algo que a ellos les da igual, porque siguen preocupándose por las formas.

Eso que hacen, ¿es un ejercicio de ganancia de certeza o, por el contrario, es una afirmación que todos reconocemos por cierta? Lo que es natural en el ser humano no necesita ser explicado, pero si se trata de un ejercicio de ironía como suele hacer la mayéutica socrática, ¿acaso no hay una cantidad agónica de ideas que no se han tomado en cuenta? Como por ejemplo aquellas que supongan una auténtica revolución social, las que supongan un cambio material en el mundo en el que vivimos.

Así que toca hablar de la paradoja de Popper: ¿qué pasa cuando dos personas descubren que la otra tiene contenidos intolerantes? Lo propio es cortar la conversación, porque el más tolerante será el que más ceda ante los ojos de otros. También se puede plantear de otra manera: ¿cómo deben conformarse los debates, con un halo de dignidad o con un halo de confrontación? 

Cuando se debate en torno a la confrontación el objeto no es convencer al tertuliano, sino a su público; mientras que en un entorno basado en la dignidad los debatientes tienen miedo de insultarse mutuamente, porque hay más un apoyo mútuo de la imagen.

El falsacionismo de Popper puede ayudarnos a desechar algunas ideas, por la imposibilidad que tenemos para ponerlas en contraste; parece como producto de tus propios deseos. Esos dogmas desarrollan lo que uno desea, sin ponerle freno ninguna realidad material, ni nada.

Podemos plantearnos una duda interesante: ¿qué alimenta nuestra voluntad? ¿Es la fuerza de la voluntad un músculo? Parecería que cuanto más se ejercite más voluntad se tiene: por lo que si nos flagelamos todas las noches por "el amor de Dios" parecería que nos estamos ejercitando en la voluntad. Y parecería que todo el esfuerzo que hemos estado ejercitando justifica la nueva voluntad que tenemos, que siempre el verdadero objetivo: a medida que se autoflagela el devoto genera en él la indefensión aprendida que someterá a sus vicios, por lo que parece que sí está generando una nueva voluntad.

Esa fuerza de voluntad no ha sido puesta en cuestión, y es alimentada por la propia fe. Sin embargo, ¿acaso la indefensión aprendida no está limitando los distintos tipos de voluntades? ¿Cómo se falsaciona eso? ¿Qué actos de creatividad revolucionaria se harían materiales si no viviéramos esa indefensión aprendida? ¿Hasta dónde llegaría nuestra creatividad si no nos autoflageráramos?

La cosa es que cuando aparece una teoría que no puede ser directamente falsacionada nos queda un recurso adicional: la capacidad para la predicción. Es decir, si no es capaz ni de predecir nada entonces podemos desechar tal teoría como revolucionaria.

Y claro, ¿qué voluntad es la que conforma el mundo que conocemos sometida a un rito que nos obliga a ser menos que una figura que no vemos?

La fe, vista así, no puede ponerse en cuestión. Pero porque se mantiene a base de formalismos. Si le damos importancia a lo material entonces encontramos herramientas falsacionistas que nos permitirán poner los pies en la tierra. Y es que el formalismo es capaz de amargarnos la vida con una enorme sonrisa, crear un mundo feliz en nombre del Gran Hermano.

La agonía es saber que hay un discurso que se anhela, por parte del experto, el pretender buscarlo y no poder dar con él porque la sociedad ha preferido la idiotez. De una manera o de otra, puedes preguntar con ironía, como Sócrates, no esperando revolucionar nada - o puedes preguntar a quien ha estado albergando más experiencia que tú en su propio campo para interpretarlo en el tuyo, como hace el juez a un testigo. Cuando nuestra dialéctica se reduce a un proceso de eliminar las piedras que impiden el buen arado lo que estamos haciendo es negar nuestra interpretación revolucionaria sobre la realidad material. Hemos elegido autoflagelarnos, y el que no para de encontrar piedras yermas esperando dar con un buen testigo de un conocimiento exclusivo es como el que busca oro y sólo da con pirita. Es la agonía del que no espera dar con nada y piensa que esa mina no es más que una pérdida de tiempo.

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Me imagino el mundo de los que influencian en las redes sociales. El informático que oficialmente se suicidó, Aaron Swartz, cuando creó la red social Reddit le introdujo unos elementos especiales: ¿qué pasa cuando aparecen grupos que mienten sobre los likes, gente que intenta manipular y que presionan?

No todas las lecturas son lecturas, no todos los likes es porque le gusta al usuario, no todas las notificaciones son leídas..., en un mundo sobredimensionado, con usuarios falsos que meten una participación falsa en la red e impiden la meritocracia, es necesario un algoritmo que adopte decisiones rápidas, que no pese demasiado, y que haga una criba. Se trata de una función que lea cómo piensa la gente y le atribuya una polarización.

De esa forma el algoritmo descubrirá mensajes de odio, a qué grupo pertenece un usuario..., pero no sólo eso, cuando un usuario recibe cientos de notificaciones de sus influencers cabe esperar que no lea tantas notificaciones, por lo que el algoritmo podría hacer una criba y mandarle sólo las notificaciones que crea que sí va a leer - y así reduce la carga administrativa de hacer la notificación. 

Es decir, con la llegada de las redes sociales nos encontramos con la necesidad de tratar la masificación de los servicios, que es un arma moderna que puede servir para doblegar a los que hasta ahora no habían tenido este tipo de problema tan grave.

Aaron Swartz planteó una resolución conectivista mediante un modelo estadístico para resolver el problema, mientras que las redes sociales todo apunta a que usan la filosofía conexionista mediante una red neuronal. El enfoque conectivista es trasparente, el conexionista simplemente no. Pero a una compañía que espera ganar dinero el conexionista toca correlaciones, mientras que el conectivista es más pesado para llegar hasta ahí - por eso supongo que lo habrán hecho de esa manera.

Alguno podría pensar que no tiene sentido esa clase de algoritmos, y es entonces cuando le puedo proponer un ejercicio mental: IMAGINEMOS UN CONCURSO DE PROGRAMACIÓN, en el concurso llega hasta la final dos programas que cumplen los objetivos aparentemente bien. Y, a la hora de desempatar, se empieza analizando uno de los dos y, acto seguido, hay un apagón de luz. Tras el apagón los jueces aseguran que no pudieron ver el segundo programa, pero que el primero estaba con más fallos de lo que era normal en cualquier concurso hasta el punto de haber sido sorprendentemente malo el código. La cosa es, considerando que los dos llegaron hasta la final y no tienen manera de evaluar el segundo programa con el mismo nivel de detalle, ¿deberían de compartir el premio o eliminar al que según las estadísticas era demasiado malo?

Por si el concurso de programación sonara demasiado raro, ahora planteo un concurso de tartas: imaginemos que dos concursantes llegan hasta la final. Entonces se incendian las cocinas justo antes de decidir el desempate, y descubren tras el incendio que una de las tartas estaba hecha de cucarachas. En principio es una anomalía que alguien meta cucarachas a una tarta para darle más sabor, así que correspondería expulsar al participante. Ahora bien, el que va a ser expulsado dirá: ¿y si la otra tarta también se valió de cucarachas para llegar hasta la final ya que no fuisteis capaces de distinguir cuál os gustaba más?

Pues bien, los formalistas querrán definirse con respecto el concurso de tartas y el de programación, pero la realidad material hace que posiblemente se tenga distintas respuestas para cada caso: porque aunque las matemáticas o la lógica formal no nos permita hacer muchas distinciones entre un concurso u otro nuestra experiencia material nos obliga a adoptar decisiones basadas en un criterio del cual somos más expertos, como para luego juzgar de manera diferente.

Ése puede ser el valor del materialismo filosófico llevado al mundo de la ética y la toma de decisiones.



miércoles, 7 de abril de 2021

Generación esponja. Preludio de la soberana idiotez

Lo he estado pensando, creo que sé algo más sobre esa generación con la que no tengo o he tenido realmente un verdadero contacto o convivencia personal. Hasta ahora siempre había aceptado el término generación de cristal, pero creo que la generación que se está educando a partir de nuestras redes sociales no se puede llamar de esa manera.

El feminismo hegemónico no ha creado jóvenes que se quejan por todo, no hay más que ver las entrevistas que se hacen por la calle: en realidad la juventud no ha cambiado tanto. Antes lo hegemónico era el punto de vista patriarcal, junto con la moralidad cínica del machismo; ahora lo que está de moda es ser políticamente correcto. Pero la gente no ha adoptado esa posición porque sea lo correcto, o esté reivindicando: la gente cínicamente a adoptado el rol de lo políticamente correcto.

Antes también habían personas que se quejaban por todo, y todo se denunciaba - y lo hacían desde las plataformas políticas apolíticas (sin un color político definido): los grupos de presión. Entonces se intentaba censurar según qué dibujos animados demasiado violentos, o se consideraba que había que usar un lenguaje inclusivo. Hoy día esas personas han ocupado las instituciones; como si fueran representativas. Sin embargo eso es un dogma: la democracia actual no es capaz de dar con lo representativo, sólo es capaz de difundir la propaganda mediante la prensa.

La generación no es de cristal porque no se siente afín a la clase política, pero se le ha enseñado que puede ser partícipe y que puede vigilar lo que sucede en la sociedad. Entonces encuentran mecanismos de participación en las manifestaciones o en las redes sociales; la participación efímera que necesitan para marcarse su fiesta personal, su forma de hacer "hate" en la sociedad.

Esta generación ha adoptado el rol de coger algo tan efímero como el machismo y lo ha convertido en el demonio a ritmo de reguetón. Se meten en una fiesta y, para cuando termina su juego, se cuelan en la siguiente. La consigna: "quiero volver borracha a casa" es ahora cuando ya se entiende - eso no es feminismo, no el que yo defendía cuando era veinteañero.

Poco a poco va sucediendo lo que nos avisó Simone de Beauvoir, y yo no paro de citarla y citarla, y volverla a citar. Creo que voy a tener que hacer algo para terminar de mencionar a este gran filósofo. Esta señora nos advirtió de que el feminismo radical le hacía el juego al patriarcado. Lo cual es obvio: de tanto repetir que todo es machista y, además, que es el demonio al final el término deja de ser coherente y deja de ser relevante - pierde su razón memética y se vuelve vacuo mientras se siga repitiendo.

Si el machismo pierde su sentido interno entonces el patriarcado se convierte en meros números. Por lo que no valdrá la pena luchar contra él: el neomachismo gana.

Esta generación lo ve todo, lo oye todo y está en todo: se ha endiosado y es la generación esponja. Quiere vivirlo todo y estar en todo, incluso pasar de todo como hace el dios cristiano. Están legitimados a todo ello porque esos son los valores que les hemos inculcado. Y es ahora cuando me doy cuenta de que no es una generación de cristal: se endiosa mucho y finge hacerse daño para luego romperse. En realidad creo que son irrompibles, creo que se divierten haciendo daño y haciéndose daño, son crueles... No he tenido el placer masoca de convivir con ellos, pero ahora poco a poco los voy comprendiendo.

Por eso es tan difícil mantener una conversación más o menos normal: porque absorven todo. Y si no se rompe su esquema de hegemonía de lo políticamente correcto al final ese esquema se adherirá a las últimas hordas feministas que queden y que sean auténticas. Podría ser la victoria absoluta de la misoginia.

Y se confirma: las feministas radicales que fueron advertidas por mí de que eso era algo que podría pasar no actúan por mezquindad, son cínicas que saben que su único dinero - lo que ganan, es a costa del movimiento. Son parásitos sociales, manipulan a las generaciones más jóvenes sin que se sepan víctimas. Las únicas personas que parecen reconocer la manipulación son los neomachistas primero, y luego algunos grupitos cuya contigencia sigo sin saber divisar del todo.

En una sociedad democrática, donde hay igualdad, la victoria de la misoginia es una ecuación simple: el estado marca los dictámenes de la moralidad. Así hasta que voten a partidos manifiéstamente misóginos. Pero, en cualquier caso, se trata de someterse a la tecnocracia en los asuntos donde el Pueblo debería tener opinión.

Cuando cocinas algo así al fuego lento de dos generaciones el resultado es idiocracia.

Y tenemos evidencias: cada vez que configuro el navegador, o el sistema operativo, automáticamente aparece una actualización que me desconfigura todo ¿Por qué ocurre? Porque nadie se queja, o porque le añaden una funcionalidad que nadie usa. En cualquier caso, se trata de un signo de completa idiotez. 

No es coña.


sábado, 3 de abril de 2021

El Imperio y sus sentidos

Éste no será un post sobre el Imperio de los sentidos. Aunque hay ciertas semejanzas entre el mensaje de la película y lo que pretendo; en cualquier caso, se me va a permitir inculcar un halo de inocencia a mi texto.

Vuelvo a reinventarme, ¿cómo clasificar las funciones del lenguaje? Según mi teoría del género único debe haber cuatro clasificaciones básicas: estereotipo, ilusión, pragmatismo y justificación. Asímismo, estas clasificaciones entran dentro de cuatro grandes secciones, dependiendo de si es el preludio, la parte ascendente de la historia, la descendente y la secuela. 

Preludio y parte ascendente es como la relación entre tesis y antítesis de Hegel, de donde la parte descendente puede sonar a la síntesis. Obviamente la secuela sería la respuesta al trilema formado por las tres partes anteriores: cuando no es posible la trilogía es porque hay aspectos que se quedaron abiertos y que son la motivación para culminar la obra con una secuela.

Todo esto es muy teórico; al fin y al cabo, la combinación de distintas funciones de lenguaje pueden conformar una nueva función de lenguaje - susceptible de clasificarse entre estereotipo, ilusión, pragmatismo y justificación. Eso es debido a que el mensaje reunido de distintas funciones de lenguaje conforman una nueva función de lenguaje. Y cuando se combinan, en su ritmo y con sus tiempos, las funciones pertinentes entonces generan la sección - que no es sino una sensación. Según mi teoría del género único, cuatro únicas sensaciones: fabulación, maravilla, heroicidad y confabulación. Es decir, sorpresa, encandilamiento, ira y miedo.

Son las cuatro edades del ser humano: lactancia, niñez, adolescencia y adultez. Cuando aprende de los padres, comprende la familia, se separa de la familia y conforma su propia tribu.

Pero sigo dándole vueltas, no es suficiente con lo que tengo. Necesito más: ¿cuándo aparece un sentimiento? ¿Cuándo emerge uno y se reprime otro? ¿Cómo podemos hablar de una obra emocionante o con alguna clase de chispa? Cuando una sensación es impactante la siguiente vez que sabemos de ella pierde parte de su efecto. Las sensaciones compartidas son más que especulativas: su producción es tremendamente trivial, y su valor es completamente dependiente del mercado que lo consume. Y, por otro lado, hay algo más allá: esa sensación compartida puede ser un acto poético incomprendido, que se depurará con el tiempo, no se volverá obsoleto en ocasiones.

Se pueden listar todas las emociones..., miedo: susto, pasmo, sufrimiento, agobio, paranoia, asco, etc;  vergüenza: gringe, parodia, torpeza, risa, etc; amor: comedia, astucia, casual, tragedia, sacrificio, etc; ira: martirio, ejemplaridad, arengas, etc...

Sin embargo, la misma construcción que tiene por objeto provocar una broma constructiva podría generar una ira destructiva; la gente podría ofenderse. Lo que supone una tragedia que nos recuerda a algo personal, cuanto más cercana, más melancólica. Si esa melancolía tiene un hálito de esperanza y evoca a hacia el pasado con la esperanza de un mundo mejor entonces se convierte en nostalgia. Pero entonces son dos sensaciones completamente opuestas. Una melancolía lejana, de la que no te sientes partícipe, y que aparece sorpresivamente y efímera no es más que un chascarrillo. Lo lejano hace gracia, cuanto más abstracto más blanco. La ironía juega con la moralidad y el razonamiento: lo que esperamos frente a lo que nos encontramos. Pero si se trata de un acto de ruptura contra la imagen de un líder entonces es un humor ácido. Se alimenta de una vergüenza que nos es ajena. Al mantener la estructura de liderazgo la acidez se convierte en una comedia de amor; donde nos encandila el personaje y su fragilidad. Las partes fuertes, si son combativas, nos sugieren astucia - no tanto inteligencia, sino una manera de maquinar la supervivencia en ese mundo ácido. Pero si el movimiento acaba manteniendo el protagonismo en el héroe, por encima de las circunstancias, entonces estamos ante un acto ejemplar. El acto ejemplar puede acabar mal, por lo que se convierte en un mártir. Puede llevar a muchos hacia su propio camino, por lo que su palabra se hace arenga... 

Es decir, los sentimientos son muy líquidos. No es fácil separarlos mediante una formulación. El mecanismo más adecuado que he encontrado ha sido creando arquetipos donde se reconocen simetrías y un álgebra - de ahí que me valga del tarot de Marsella. Es una estructura que funciona bastante bien para separar conceptos y relacionarlos entre sí.

Cuando un arquetipo se relaciona con otro arquetipo entonces se transforma en un tercero. Esa operación es posible, y exige estudiar si es lo suficientemente relevante - pues coherente he comprobado que sí. La cosa es: ¿hasta qué punto una máquina podría generar una historia que genere sensaciones de un cierto tipo? ¿Hasta qué punto el poner sobre el tapete arquetipos con un perfil específico y sus propios n-gramas que obligue a valerse de su propio corpus puede generar las sensaciones apropiadas desde su dialéctica o relación?

Esto nos lleva a necesitar una clasificación más profunda que la que nos dio Propp sobre los items, lo que yo llamo eones. Mil historias se pueden contar a partir de Excalibur antes de que todo su significado pierda el interés. Todas esas historias encajarán en sus correspondientes definiciones tras combinar las cuatro fases que conforman una sección. La unión de todas las secciones conforman el perfil del eón.

Así que cuando estemos contando una historia donde aparece un objeto, este objeto debe cumplir un mensaje dentro de la historia: debe pasar de estar de una manera, para estar de otra, que se le vea así o asá. Todo para cumplir un objetivo: la historia que contamos debe cumplir un objetivo dentro del histórico del objeto, de su eón.

En las leyendas artúricas Excalibur fue colocada por el padre secreto de Arturo sobre una piedra, y para cuando dejó de ser necesitada fue devuelta a la dama del lago. Si esa espada no hubiera tenido función entonces no habría sido interesante su mención. Si nos damos cuenta, los sentimientos que nos produce un eón trasciende a las emociones circunstanciales o a la sensación de liderazgo de un arquetipo. Eso que trasciende en realidad no es más que un mensaje que no puede ser sentido de forma efímera ni alienado a cultura alguna. 

Cada película que quiera versionar al rey Arturo le dará a la espada un perfil diferente, en virtud de por dónde vaya la intención del director. Es, por tanto, el mensaje que adquiere el eón el propio carácter más trascendente que nos transmite un autor a través de la obra. Por lo que la comprensión de cada uno de estos ciclos que coleccionan el perfil de un objeto es, en suma, una expresión de cómo lo contempla la Humanidad más allá del individuo mismo.

Cuando dispones de una manera de dirigirte hacia los colectivos mediante un sistema mucho más persistente que los mecanismos de los que se valgan sus líderes, obtienes las herramientas necesarias para dirigir un imperio sin que se imponga en él el miedo. Cosa que hasta ahora sigue siendo impensable.

Dirigir un imperio sin un sistema moral que trascienda al individuo de manera persistente obliga a que la dirección se torne en una dictadura; por eso quizá el papel que ha tenido el existencialismo sea ocupar este lugar en concreto. De la misma manera que la única manera de armonizar un imperio es mediante una armonización fiscal - porque el único miedo válido debería de ser el de la corrupción.

Pero bueno..., creo que me voy desviando.


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