Hoy toca despotricar contra el mundo, otra vez. Y es que hago revisión, y observo que, de vez en cuando, a algún clientucho le da la gana de meter la mano..., robarme. Y no es que roben algo que alimente, son bolsas de chuches y cosas por el estilo.
Me obligan a ponerme más alerta. Y son adultos. Pero hay que ser realmente cutres, todo hay que decirlo. Todo ese estrés que generan a una persona que ya de por sí es pobre me parece completamente fuera de lugar.
Los problemas habituales a los que me tengo que enfrentar suelen ser el ver cómo me devuelven un producto que está en perfectas condiciones, o tener que explicar en qué consiste un servicio de telecomunicaciones para luego ver cómo me echan las culpas de que ese servicio no fuera lo que les dio la gana de entender. Han sido ya muchos años, y sé qué palabras usar y en qué insistir. Experiencia no me falta. Aunque, en raras ocasiones, todavía se puede encontrar algún despistado con exceso de orgullo.
Pero por si eso no fuera poco aún tengo que comprobar cómo algún anónimo con credenciales le dice a Google que la foto de mi tienda es un hueco donde no hay nada, o que mi tienda ha cerrado cuando en realidad sigue abierta. Y es curioso, el resto de los establecimientos permanecen abiertos, así que ¿quién ha podido actualizar el estado de mi tienda a ponerla cerrada? ¿Quiénes han conseguido convencer a Google de que mi tienda está cerrada cuando en realidad siempre se mantuvo abierta de manera ininterrumpida?
Esta clase de cosas algo me dice que jamás se explicarán. Nunca nadie me dará una santa explicación sobre qué credenciales se pusieron para intentar hacer daño a mi negocio. Pero una y otra vez lo estoy viendo. Tan pronto como les da por boicotearme, luego una compañía de reparto y mensajería le da por ignorar mi dirección - como si no existiera, y sin llamar por teléfono ante cualquier duda que surja por una dirección que está sobreindicada.
Es como el libro de Coelho pero al contrario: el mundo, sin ningún motivo, sin conocerme, sin que les haya podido dar la oportunidad de caerles mal, me trata de destruir. Cualquier iniciativa de negocio, o lo que sea, es como si se pusiera de acuerdo el mundo para intentar ponerme otra zancadilla.
Ya me pasó con Microsoft: cada vez que "arreglaba" mi laptop una tecla físicamente dejaba de funcionar. Era algo tan terriblemente tétrico que el pánico se sale del medidor de solo pensar que algún futuro producto sanitario o financiero tuviera como marca Microsoft. Ya me imagino al pobre hombre al que le pongan un marcapasos de esa marca, los miedos y extorsiones a los que tendría que enfrentarse.
Pero nada. Google me ha dicho que aceptaba mis cambios, aquellos que hoy he comunicado. Que probablemente mañana se hagan efectivos - ya se verá. Y es que ser un "local guide" parece que tiene sus problemas: da igual lo que ponga, habrá otro que, no sé si hackeando, inhabilitará las informaciones de mi negocio. Y Google volverá a ocultarme.
Para Google mi tienda es como los ojos del Guadiana: aparezco y desaparezco. Deberían de percatarse de que el único que cambia esa dirección de manera coherente es, casualmente, quien dice ser su dueño. Veré si dentro de esos días me llega esa tarjeta postal para testificar que realmente la tienda es mía.
¿Qué ganará esa gente haciendo creer que la tienda es otra? ¿Por qué intentar cerrar un locutorio que sé que es muy útil en un hospital público tan importante en la región? Me vuelven a asaltar los temores de la clase de mundo en el que nos encontramos. Cómo hay gente que especula con el bienestar y la vida de la gente. Y además le sale bien.
Yo, por mi parte, he decidido seguir darle algo de vidilla al kiosko, aunque aún no sé si seguir liquidando: al fin y al cabo el hospital me boicoteó ilegalmente - en el pliego de condiciones no había legitimidad por parte de un gestor de hospital como para saltarse las normas de urbanismo básicas. Ese boicot de cerrarme las puertas me ahogó mi clientela, y luego tuve el problema con el banco - que se negó a darme monedas para poder dar cambio o tenerlo. Y tuve una hora de burocracia sólo para conseguir cambio de 50 euros, cambio que no conseguí (conseguí sólo 30) una vez más incumpliendo compromisos por parte de terceros, para demostrar incertidumbres y un afán ilegal de lucro: lo que quieren es que me costee un TPV, como si eso resolviera el problema, como si tuvieran legitimidad como para obligar a que la gente deje de usar monedas.
Ya se lo expliqué a la banquera, si no me dan cambio no ayudan a que se "intente" a pagar con tarjeta, lo que se hace es cerrar mi negocio directamente. Pero ella erre que erre: estudió economía en una tómbola. Ésos son los que tienen nuestro dinero. Ésos son los que deciden el futuro de las empresas. Pero el pequeño comerciante siempre, siempre, siempre dice lo mismo: los bancos no resuelven, dan problemas. El sistema debe volver a ser como era antes, y entonces ya se vería cómo los bancos se verían obligados a ofrecer servicios sin extorsiones, al perder su oligopolio.
Cambiar la filosofía de la economía es crucial para comprender cómo asumir pandemias sin que ello nos lleve a una crisis financiera. Si la economía está bien fundada todas las recesiones y cisnes tendrán forma de V. Y la renta básica, la auténtica, es crucial para conseguir todo eso de facto.
Pero no tengo tanto por lo que quejarme: comprobé que cada vez que criticaba a la policía en Twitter me llegaba por correo una sextorsion de algún anónimo que me reclamaba un dinero..., la gente es muy pervertida. Y hace un par de días volví a criticar a la policía por tener en nómina a un payaso que no sabe cuándo un coche está en parada para carga y descarga y cuándo está estacionado. Demasiado básico.
Cualquier día vemos un policía poniendo una multa a un coche por ceder el paso ante un ceda el paso.
Pero decía que no tengo tanto por lo que quejarme porque no he vuelto a recibir sextorsiones. Ni ha habido consecuencias de ningún tipo. Las únicas consecuencias sobre mi equipo las he sufrido justo cuando me involucraba con empresas que ofrecen un servicio de asesoramiento informático. Entonces sí que mi equipo era destrozado de todas las formas posibles. Microsoft, Apple, etc..., cuanto más grandes más daño hacen. Son sectas de poder que deberían de ser perseguidas por destruir la tecnología.
¿Dudas sobre los crackers y la gente peligrosa? Pues el perfil es claro: trabajó o trabaja para una gran compañía. Lo demás, es tirar del hilo. Porque aún algunos podrían ser hasta policías. El Deep Internet en realidad es mucho más macabro y oscuro en el sentido de que no se trata necesariamente de unos meros desgraciados que merecen la cárcel, sino de sujetos que no tendrían ni que hacer lo que hacen porque promueven exactamente lo contrario de cara a la galería.
Mientras tanto, el gobierno está abriéndose frente al coronavirus. Me parece bien, y no hace falta ser demasiado exigente con las estrategias..., si no fuera porque no está siendo en absoluto trasparente. Al fin y al cabo, si se es trasparente los errores son asumibles, cuando te cuentan milongas es cuando hay problemas.
Entiendo que la función de la guardia civil es rebajar la tensión que tiene la gente con la autoridad, el estado, la democracia, el país..., si el jefe de la guardia civil dice que su misión es rebajar la tensión contra el gobierno, el partido, el PSOE..., pues siempre quedará la duda de porqué se equivocó de palabra, si es para tanto, etc... Luego vemos que el gobierno y el estado no guardan diferencias..., yo mismo, ¿me podría haber equivocado? Ya digo: si fueran trasparentes entonces nadie se quejaría, lo entenderían.
La única gestión que yo sí que entiendo es que debieron haber subyugado la gestión de dirección de todos los hospitales españoles a la dirección de un oficial del ejército. Si se hubiera hecho eso, y aún están a tiempo de rectificar, entonces todos esos respiradores que han estado sobrando podrían haber sido cesionados a los centros donde se salvarían más vidas. Así nos habríamos librado de esos mafiosos que gestionan los hospitales, que también se llevan muy mala fama entre los médicos. Dan asco, y lo sé.
Tan sólo los acólitos al director hospitalario le siguen el juego, y les parece bien lo que hace. Obviamente se mueven entre la necedad y la mezquindad, porque quien comete infracciones graves no debería de ser digno de elogio. Pero sí: tengo graves problemas con el director del hospital, y se supone que pretendo llevar un negocio en él. Es una situación completamente inestable, pero que es no tengo futuro en ninguna parte. No hay manera de saber cómo escapar de esta situación.
Si mi negocio parecía que podía empezar a ir bien, entonces llegan nuevas decisiones rodeando a mi negocio que lo vuelven a sabotear.
Pero claro, al mismo tiempo, todo lo malo que me ha estado sucediendo a mí, de alguna forma, luego lo veo revertido en toda la sociedad al completo..., aunque es una peculiar sugestión que ya comenté hace días por aquí... La misma sugestión que podría hacerme creer que vivo sujeto al acoso de unos señores que quieren joderme.
Vamos..., que vivo una película dentro de un absurdo absoluto. Y ahora me tocará cruzar los dedos para ver si las compañías de mensajería cumplen con su compromiso y, si no dieran con la dirección, pues que llamen por tlf. en vez de ir abandonando los bultos de cualquier manera.
¡En menudo país de mierda me ha tocado vivir! Si por lo menos hubiera una renta básica...
Éste es un blog pensado como último reducto para la fusión entre lo más humano y lo más tecnológico sin perder ni humanidad ni eficiencia. lithesolutions.net
jueves, 23 de abril de 2020
martes, 21 de abril de 2020
Vd no usa la lógica, se monta historias
Cuando era pequeño me montaron una barrera que separaba las ciencias de las letras. Y sí es cierto que existe una gran diferencia entre los que piensan como científicos y los que piensan como artistas. No es lo mismo pensar en torno al espectáculo que pensar en torno a los contenidos.
Pero entonces aparece el filósofo: ¿de ciencias o de letras? Estaba claro que pocas álgebras se leen entre sus documentos. Y, al mismo tiempo, cuando tiramos de la lógica a partir de Fregue, se empiezan a dislumbrar mecanismos mucho más complejos. Sin ir más lejos, la lógica circunstancial ya introduce principios axiomáticos de una complejidad matemática más que interesante.
Y es que el filósofo sostiene que debe haber un mecanismo racional para llegar a una afirmación o a otra. Un mecanismo basado en la lógica. Así lo establecía Aristóteles, todo en torno a los preceptos de la escuela pitagórica. Es como si con una cuerda, una tiza y una regla se pudiera razonar cualquier cosa.
¿Qué fue del díscolo que afirmaba que la raíz cuadrada de dos no tenía representación como fracción de dos enteros? Le fue mucho peor que al díscolo de Gödel, suerte que Russell sí estuvo dispuesto a claudicar y replantearse sus creencias. Ahora bien, incluso hoy día gente muy leída, con sus títulos y todo, desconocen la repercusión del teorema de Gödel.
Da la impresión de que debemos retomar a cómo planteó Hegel la filosofía, pero sin que suene a chiste. Es decir, la gente no es cierto que haga uso de álgebras o técnicas lógicas para pensar. El proceso de llevar a cabo razonamientos no está ligado con la idea que se tiene de lo que es una demostración matemática, o la resolución de algunos de los problemas.
Cuando un ingeniero, o técnico, tiene que hacer una memoria para instalar un mecanismo, los cálculos justificativos no son los pasos previos para deducir necesariamente la configuración final del producto. Es perfectamente factible pensar que los cálculos justificativos sean en parte un proceso de validación para demostrar que tal instalación no se romperá, no explotará, no será peligrosa, etc...
Es por ello que, al existir un proceso de validación independiente del proceso de construcción, se debe uno parar a pensar cómo se generan las ideas - de dónde viene la creatividad. Y, poco a poco, como si estuviera jugando al Cluedo, he ido descartando los elementos de juicio que no parecían convencer.
Ya en su momento Propp lo supo defender bastante bien: el estudio de la filología corresponde con el estudio de lo convincente. De ahí la fusión entre cuento y mito, y cómo podemos comprender la antropología desde un punto de vista más ambicioso: en torno a los orígenes del hombre.
La filología ha sido usada por otro autor para explicar el origen de las especies y de la consciencia en el ser humano. No es, por tanto, de extrañar que igual que en la ciencia se usa la palabra "literatura" para explicar cómo se forman los ensayos científicos eso es porque en el fondo la creatividad de los mismos podría explicarse mediante estudios filológicos, no filosóficos.
Cuando de adolescente yo mismo me habría subido sobre la silla, pegado un puñetazo en la mesa y argumentar, dentro de mis conocimientos, que era completamente absurdo arrebatarle a la filosofía el arte de la creación dentro de la ciencia, ahora me vuelvo a sentar, observo las lecturas de tantos filólogos y analizo lo poco que entienda de neurología. Es como si para ser convincentes simple y llanamente hiciera falta un cuento, una historia. El exponer los hechos no es suficiente, el dejar las herramientas y citar las fuentes no vale. Incluso presentar las maquinarias y resultados de manera ordenada, por tablas o gráficas, no tiene fuerza alguna si no hay una historia que se acople a la vivencia del que lee el artículo.
Si el que lee el artículo no está viviendo un thriller en la historia que le presentes, entonces no podrá pensar como un médico o un físico que quiera descubrir al "asesino" que justifica tus exposiciones científicas.
De la misma manera, cabe esperar que un documento innovador y rompedor pueda dejar al alcance del lector las herramientas necesarias para que pueda vivir unas sensaciones de heroicidad - fundamental para que pueda atribuírselas al autor de la obra. Si no, no querrá reconocerle la innovación.
Algo así lo podemos observar en la obra "Principe y Mendigo". Ayer quise rememorarla a través de la película de Disney: ¿qué pasa cuando tienes a dos niños, uno vestido de príncipe y otro de plebeyo y los dos te aseguran de que el príncipe es el que va vestido como un plebeyo? La lógica nos dice que no hay objeto de discusión: el príncipe es el que va vestido de plebeyo, y la carga de la prueba la tendrá quien crea que es al contrario. Sin embargo, como bien se expone en la historia, fue necesario una larga escena para convencer a los ahí presentes.
La larga escena que pueda usarse para convencer consistiría en explicar la historia desde el principio. O bien la tontería de saber en dónde se encuentra el sello real. En cualquier caso, tiene que ser una escena elaborada para ayudar a quien escucha a pasar por las distintas fases antes de llegar a la aceptación.
Algo parecido pasa con la renta básica. Cualquier persona con dos dedos de frente, en cuanto se le ponga todos los datos OBJETIVOS delante no podría poner en duda, porque así lo dice la ciencia del comportamiento humano, que la gente trabajaría con una renta áustera, que esa renta se tendría que dar sin condiciones y sin burocracias. Sin más. Pero se demuestra que es necesario que el experto le endulce la píldora a la gente: porque hablamos de una auténtica revolución social que rompería con los cimientos de lo que se entiende por trabajar.
Recuerdo cuando hablaba conmigo un taxista, de esos que hablaban como cuñados. Me decía que el que diga que le gusta trabajar miente, que si él trabajaba era por obligación, que nadie trabajaba gratis..., y esas cosas. También me decía que entendía a los corruptos en el poder: al fin y al cabo, me decía, ¿acaso de estar en el poder no pondríamos a nuestros familiares y amigos? Y una vez me habló de un negocio que se montó, una carpintería, como muestra quizá de lo que era el capitalismo: había trabajado de taxista durante mucho tiempo, y si quería invertir en un negocio, un sueño, que tenía derecho a hacerlo aunque sus familiares le llamen loco.
Loco..., eso pensaba yo porque ese hombre era completamente ilógico e irracional. Tres afirmaciones que me daba, las tres contradictorias: yo le decía que si yo llegaba al poder, mi familia era el Pueblo, y que la corrupción haría que todas las familias lo pasen peor - incluida la mía más personal. La corrupción lo que hace es romper familias: cuando se descubre que tus actos no son dignos de orgullo entonces a tus seres más queridos les cuesta mucho más usarte de ejemplo, no pueden mirarte a la cara. Es como los vagos: ¿un ejemplo a seguir? Él mismo decía que quería ser carpintero, quería trabajar de carpintero. Por tanto, le gustaba trabajar. Lo que pasa es que el capitalismo, como decía Marx hace siglos, obliga a la gente a dedicarse a una sola cosa. Que pudiera invertir en un negocio diferente no era una contradicción al marxismo, sino una reafirmación a esa crítica: sólo los que tienen dinero pueden permitirse el lujo de cambiar de actividad. Y se lo gastarán porque les gustaría probar, pasado un tiempo, a hacer otra cosa.
En un modelo basado en la renta básica invertir no supone un verdadero coste, salvo de tiempo. Y el que trabaja lo hará porque quiere, o porque le compensa - que es otra manera de decir que lo hace porque quiere. Y, por si fuera poco, sabemos que la mayoría, en su fuero interno, considera que ellos sí trabajarían - aunque especulen erróneamente que la mayoría no respondería igual en el mismo test.
La gente se monta historias, y la economía sólo puede ser impulsada por las multitudes en cuanto vivamos en una sociedad formada por multitudes. La superpoblación no puede ser sostenida desde la socialdemocracia, ni por las microeconomías. Hace falta una revolución que perjudique en apariencia resultados tanto microeconómicos como macroeconómicos para empezar a funcionar bajo una economía basada a 10 años vista o a nivel de economía imperial.
¿Por qué los imperios deben estar vinculados con la exclusión de grandes cantidades de personas? No hay historias que justifiquen leyes que reconozcan a los grandes grupos. Sólo el comunismo incorpora esos "relatos". Así que el socialdemócrata buscará la manera de crear otra clase de relato, y lo someterá a la propaganda de partido, para que adquiera mayor fortaleza de oportunidad - pero tener un relato más oportuno no significa que sea más racional. Para que los relatos oportunos sean racionales antes debe haber meritocracia, debe haber una justificación dentro de la teoría de juegos. Una justificación, por así decirlo, egoísta. De esa manera, usando una cierta lógica circunstancial sobre qué es necesario y qué contingente, se puede establecer cuándo un relato oportuno es además racional.
Y mi conclusión es que hoy día no vivimos una verdadera meritocracia. Los autores de distopías así lo confirman con sus obras que representan una crítica a la sociedad, una crítica en el sentido de que aseveran de que en un futuro (desde su punto de vista) el mundo podría convertirse en eso.
Yo mismo me incluyo. Parto de una guerra nuclear para hablar de una sociedad donde los ancianos perecen y sólo sobreviven los niños y jóvenes. Menciono bichos mutantes que aparecen y un estado extraño de zombificación de individuos, razón por la cual todos los pueblos se aislan en búnkeres y se vuelven temerosos ante un enemigo común.
No puedo alardear de que se parezca mucho a lo que estamos viviendo..., pero vosotros darme tiempo. Ya veréis..., que aún se puede poner peor; considerando que la crisis del petroleo está empezando ahora. Es decir, el petrodólar empieza a toser una tos seca bastante sospechosa. Razón por la cual Trump está contando historias de cómo otros países están con una mala economía..., y claro, la economía no entiende de historias, ni cuentos..., la economía es la economía.
Puedes intentar convencer a un tonto para que actúe de la manera correcta. Pero no bastará conque se lo demuestres. Convencer exige más, como cuñada es la gente y vaga de cojones a la hora de pararse a pensar por sí mismos. Se contradicen con sus propios trilemas, y ni se dan cuenta. La socialdemocracia se sabe que genera un paro estructural debido a la existencia del trilema sobre cómo proteger la economía manteniendo un cierto régimen de liberalismo, pero a la gente no le importa: no quiere aceptar ese hecho científicamente incontestable. Y ese paro estructural, la crisis del petróleo, una pandemia..., poco a poco se va generando la tormenta perfecta. La explosión nuclear propia de un estado de guerra.
Y sí: la solución también se leyó en mi libro. Dos formas de renta básica: a elegir. Una basada en el rol que desempeñas dentro de la sociedad, por la cual te corresponde un número de estrellas mensuales. Y otra basada simplemente en que todos ganan lo mismo y que cada cual se pague sus asuntos.
Yo también me monto historias. Pero al menos las justifico; intento ser consecuente.
Pero entonces aparece el filósofo: ¿de ciencias o de letras? Estaba claro que pocas álgebras se leen entre sus documentos. Y, al mismo tiempo, cuando tiramos de la lógica a partir de Fregue, se empiezan a dislumbrar mecanismos mucho más complejos. Sin ir más lejos, la lógica circunstancial ya introduce principios axiomáticos de una complejidad matemática más que interesante.
Y es que el filósofo sostiene que debe haber un mecanismo racional para llegar a una afirmación o a otra. Un mecanismo basado en la lógica. Así lo establecía Aristóteles, todo en torno a los preceptos de la escuela pitagórica. Es como si con una cuerda, una tiza y una regla se pudiera razonar cualquier cosa.
¿Qué fue del díscolo que afirmaba que la raíz cuadrada de dos no tenía representación como fracción de dos enteros? Le fue mucho peor que al díscolo de Gödel, suerte que Russell sí estuvo dispuesto a claudicar y replantearse sus creencias. Ahora bien, incluso hoy día gente muy leída, con sus títulos y todo, desconocen la repercusión del teorema de Gödel.
Da la impresión de que debemos retomar a cómo planteó Hegel la filosofía, pero sin que suene a chiste. Es decir, la gente no es cierto que haga uso de álgebras o técnicas lógicas para pensar. El proceso de llevar a cabo razonamientos no está ligado con la idea que se tiene de lo que es una demostración matemática, o la resolución de algunos de los problemas.
Cuando un ingeniero, o técnico, tiene que hacer una memoria para instalar un mecanismo, los cálculos justificativos no son los pasos previos para deducir necesariamente la configuración final del producto. Es perfectamente factible pensar que los cálculos justificativos sean en parte un proceso de validación para demostrar que tal instalación no se romperá, no explotará, no será peligrosa, etc...
Es por ello que, al existir un proceso de validación independiente del proceso de construcción, se debe uno parar a pensar cómo se generan las ideas - de dónde viene la creatividad. Y, poco a poco, como si estuviera jugando al Cluedo, he ido descartando los elementos de juicio que no parecían convencer.
Ya en su momento Propp lo supo defender bastante bien: el estudio de la filología corresponde con el estudio de lo convincente. De ahí la fusión entre cuento y mito, y cómo podemos comprender la antropología desde un punto de vista más ambicioso: en torno a los orígenes del hombre.
La filología ha sido usada por otro autor para explicar el origen de las especies y de la consciencia en el ser humano. No es, por tanto, de extrañar que igual que en la ciencia se usa la palabra "literatura" para explicar cómo se forman los ensayos científicos eso es porque en el fondo la creatividad de los mismos podría explicarse mediante estudios filológicos, no filosóficos.
Cuando de adolescente yo mismo me habría subido sobre la silla, pegado un puñetazo en la mesa y argumentar, dentro de mis conocimientos, que era completamente absurdo arrebatarle a la filosofía el arte de la creación dentro de la ciencia, ahora me vuelvo a sentar, observo las lecturas de tantos filólogos y analizo lo poco que entienda de neurología. Es como si para ser convincentes simple y llanamente hiciera falta un cuento, una historia. El exponer los hechos no es suficiente, el dejar las herramientas y citar las fuentes no vale. Incluso presentar las maquinarias y resultados de manera ordenada, por tablas o gráficas, no tiene fuerza alguna si no hay una historia que se acople a la vivencia del que lee el artículo.
Si el que lee el artículo no está viviendo un thriller en la historia que le presentes, entonces no podrá pensar como un médico o un físico que quiera descubrir al "asesino" que justifica tus exposiciones científicas.
De la misma manera, cabe esperar que un documento innovador y rompedor pueda dejar al alcance del lector las herramientas necesarias para que pueda vivir unas sensaciones de heroicidad - fundamental para que pueda atribuírselas al autor de la obra. Si no, no querrá reconocerle la innovación.
Algo así lo podemos observar en la obra "Principe y Mendigo". Ayer quise rememorarla a través de la película de Disney: ¿qué pasa cuando tienes a dos niños, uno vestido de príncipe y otro de plebeyo y los dos te aseguran de que el príncipe es el que va vestido como un plebeyo? La lógica nos dice que no hay objeto de discusión: el príncipe es el que va vestido de plebeyo, y la carga de la prueba la tendrá quien crea que es al contrario. Sin embargo, como bien se expone en la historia, fue necesario una larga escena para convencer a los ahí presentes.
La larga escena que pueda usarse para convencer consistiría en explicar la historia desde el principio. O bien la tontería de saber en dónde se encuentra el sello real. En cualquier caso, tiene que ser una escena elaborada para ayudar a quien escucha a pasar por las distintas fases antes de llegar a la aceptación.
Algo parecido pasa con la renta básica. Cualquier persona con dos dedos de frente, en cuanto se le ponga todos los datos OBJETIVOS delante no podría poner en duda, porque así lo dice la ciencia del comportamiento humano, que la gente trabajaría con una renta áustera, que esa renta se tendría que dar sin condiciones y sin burocracias. Sin más. Pero se demuestra que es necesario que el experto le endulce la píldora a la gente: porque hablamos de una auténtica revolución social que rompería con los cimientos de lo que se entiende por trabajar.
Recuerdo cuando hablaba conmigo un taxista, de esos que hablaban como cuñados. Me decía que el que diga que le gusta trabajar miente, que si él trabajaba era por obligación, que nadie trabajaba gratis..., y esas cosas. También me decía que entendía a los corruptos en el poder: al fin y al cabo, me decía, ¿acaso de estar en el poder no pondríamos a nuestros familiares y amigos? Y una vez me habló de un negocio que se montó, una carpintería, como muestra quizá de lo que era el capitalismo: había trabajado de taxista durante mucho tiempo, y si quería invertir en un negocio, un sueño, que tenía derecho a hacerlo aunque sus familiares le llamen loco.
Loco..., eso pensaba yo porque ese hombre era completamente ilógico e irracional. Tres afirmaciones que me daba, las tres contradictorias: yo le decía que si yo llegaba al poder, mi familia era el Pueblo, y que la corrupción haría que todas las familias lo pasen peor - incluida la mía más personal. La corrupción lo que hace es romper familias: cuando se descubre que tus actos no son dignos de orgullo entonces a tus seres más queridos les cuesta mucho más usarte de ejemplo, no pueden mirarte a la cara. Es como los vagos: ¿un ejemplo a seguir? Él mismo decía que quería ser carpintero, quería trabajar de carpintero. Por tanto, le gustaba trabajar. Lo que pasa es que el capitalismo, como decía Marx hace siglos, obliga a la gente a dedicarse a una sola cosa. Que pudiera invertir en un negocio diferente no era una contradicción al marxismo, sino una reafirmación a esa crítica: sólo los que tienen dinero pueden permitirse el lujo de cambiar de actividad. Y se lo gastarán porque les gustaría probar, pasado un tiempo, a hacer otra cosa.
En un modelo basado en la renta básica invertir no supone un verdadero coste, salvo de tiempo. Y el que trabaja lo hará porque quiere, o porque le compensa - que es otra manera de decir que lo hace porque quiere. Y, por si fuera poco, sabemos que la mayoría, en su fuero interno, considera que ellos sí trabajarían - aunque especulen erróneamente que la mayoría no respondería igual en el mismo test.
La gente se monta historias, y la economía sólo puede ser impulsada por las multitudes en cuanto vivamos en una sociedad formada por multitudes. La superpoblación no puede ser sostenida desde la socialdemocracia, ni por las microeconomías. Hace falta una revolución que perjudique en apariencia resultados tanto microeconómicos como macroeconómicos para empezar a funcionar bajo una economía basada a 10 años vista o a nivel de economía imperial.
¿Por qué los imperios deben estar vinculados con la exclusión de grandes cantidades de personas? No hay historias que justifiquen leyes que reconozcan a los grandes grupos. Sólo el comunismo incorpora esos "relatos". Así que el socialdemócrata buscará la manera de crear otra clase de relato, y lo someterá a la propaganda de partido, para que adquiera mayor fortaleza de oportunidad - pero tener un relato más oportuno no significa que sea más racional. Para que los relatos oportunos sean racionales antes debe haber meritocracia, debe haber una justificación dentro de la teoría de juegos. Una justificación, por así decirlo, egoísta. De esa manera, usando una cierta lógica circunstancial sobre qué es necesario y qué contingente, se puede establecer cuándo un relato oportuno es además racional.
Y mi conclusión es que hoy día no vivimos una verdadera meritocracia. Los autores de distopías así lo confirman con sus obras que representan una crítica a la sociedad, una crítica en el sentido de que aseveran de que en un futuro (desde su punto de vista) el mundo podría convertirse en eso.
Yo mismo me incluyo. Parto de una guerra nuclear para hablar de una sociedad donde los ancianos perecen y sólo sobreviven los niños y jóvenes. Menciono bichos mutantes que aparecen y un estado extraño de zombificación de individuos, razón por la cual todos los pueblos se aislan en búnkeres y se vuelven temerosos ante un enemigo común.
No puedo alardear de que se parezca mucho a lo que estamos viviendo..., pero vosotros darme tiempo. Ya veréis..., que aún se puede poner peor; considerando que la crisis del petroleo está empezando ahora. Es decir, el petrodólar empieza a toser una tos seca bastante sospechosa. Razón por la cual Trump está contando historias de cómo otros países están con una mala economía..., y claro, la economía no entiende de historias, ni cuentos..., la economía es la economía.
Puedes intentar convencer a un tonto para que actúe de la manera correcta. Pero no bastará conque se lo demuestres. Convencer exige más, como cuñada es la gente y vaga de cojones a la hora de pararse a pensar por sí mismos. Se contradicen con sus propios trilemas, y ni se dan cuenta. La socialdemocracia se sabe que genera un paro estructural debido a la existencia del trilema sobre cómo proteger la economía manteniendo un cierto régimen de liberalismo, pero a la gente no le importa: no quiere aceptar ese hecho científicamente incontestable. Y ese paro estructural, la crisis del petróleo, una pandemia..., poco a poco se va generando la tormenta perfecta. La explosión nuclear propia de un estado de guerra.
Y sí: la solución también se leyó en mi libro. Dos formas de renta básica: a elegir. Una basada en el rol que desempeñas dentro de la sociedad, por la cual te corresponde un número de estrellas mensuales. Y otra basada simplemente en que todos ganan lo mismo y que cada cual se pague sus asuntos.
Yo también me monto historias. Pero al menos las justifico; intento ser consecuente.
viernes, 17 de abril de 2020
El bloqueo de la apatía
Ayer tarde tenía planes, probé a jugar a la consola - eso me despertó. Luego probé a tumbarme y leer algún ensayo en plan relajado... - eso me inhabilitó.
Cuando vuelvo a la ciencia, al hedonismo, hay algo que me tira para atrás. No hay recompensa. No hay motivaciones. Entonces todo son barreras, llega la depresión. Todo aburre y es lejano. No vale la pena levantar ni un músculo. Y, claro, con todo lo que he vivido hasta ahora, ¿no es como para pensar de dónde viene todo esto?
Los videojuegos, el álgebra, los puzzles..., todo eso lanza reactivaciones. Si se tiene la suficiente cultura como para trabajar en según qué plataformas, entonces es posible montarse una reactivación del frontal. Mientras todo fluya en la parte más frontal de la cabeza más ganas hay de continuar. Pero, como pasa con todo, no puedes mantenerte con una misma actividad si sospechas que eso puede destruirte.
Cuando fui de visita a conocidos que tenían un problema de depresión sostuve la teoría de que las dinámicas que debía seguir tendrían que estar orientadas a reconducir la capacidad del sujeto para volver a competir. Y creo que no me equivocaba. Lo que fallaba, de hecho, era la influencia tóxica de su familia para desautorizar mis consejos - algo que también podía calcular, a pesar de que eran cuchilladas por la espalda.
Y es que, al fin y al cabo, una persona se ofrece gratuitamente a dinamizar a su hijo visitándole y haciendo cosas tan inocuas como jugar a puzzles, videojuegos, cartas, hablar... Pude comprobar que, poco a poco, el paciente podía volver en una espiral de autocomplacencia confundiendo mis visitas, o reconduciendose hacia teorías conspirativas de porqué lo hacía, y así anular mis propuestas o volverse en oposición a mis contribuciones. Es como si, en el fondo, el que se deprime descubre los elementos externos que le podrían sacar de esa depresión y actúa socialmente en su contra.
Siempre me he visto envuelto en un cúmulo de ingratitudes. No lo entiendo mucho, pero teniendo en nuestra cultura la idea de dar las gracias, debe haber una fuerza o pulsión que empuja a una persona el no querer ser agradecida - cuando a cualquier otra persona le debería de parecer lógico hacerlo.
Un simple "gracias por tu visita". Nada más. O algo por el estilo.
Pero cuando veo esas miradas, esos insultos - según el caso, bien puede echarle la culpa a algún brote de esquizofrenia, pero si fuera el caso también existen las disculpas, el volver a hacerse amigos y todo lo demás.
Esos protocolos eran las cosas que ahora mismo estaba desarrollando en mis nuevos modelos. Los efectos que deben producirse en el interior de mi modelo cerebral: ¿qué pulsiones son necesarias de repeler en su propia dinámica que podrían contradecir la complacencia de un estado depresivo?
Las fórmulas sociales son la clave del éxito: gracias, de nada, hola, ¿cómo estás?, no hay de qué, no te preocupes, sí a ese sí, sí a ese no, no a ese sí, no a ese no, ¿acaso es cierto X?, ¿cómo fue posible X?, ayuda, ¡eh tú!, aquí estoy, esto está mal, esto está bien... De todos los idiomas que conozco es el árabe el único que los abarca de la manera más exacta - y el árabe es una lengua muerta.
Hay una tecnología social muy compleja en las lenguas semitas (árabe, hebreo, arameo, etc...). Y, al mismo tiempo, son los pueblos más aparentemente conflictivos de la Tierra (a saber si son peores los congoleños).
Otros rasgos peculiares están en el inglés: tan pronto como no posee una distinción clara entre el ser y el estar, cuando los japoneses son los que tienen mejor desarrollado este concepto con sus adjetivos, hay más filósofos existencialistas de habla inglesa que japonesa.
Y por mucho que pienso un idioma tan deficiente como el inglés en algunos aspectos y que debe provocar ceguera de algunos conceptos al final es justo la capacidad que tiene el estudioso para conocer los conceptos que le faltan lo que le permitirá, al menos, escribir sobre ellos. Esto es: corre más rápido el cojo que sabe adónde ir, que el atleta que no tiene un destino claro. O, también, cuando todos somos invidentes, el cojo corre con ventaja frente al atleta, porque los pasos más rápidos son los decididos y no el correr sin motivo.
La cosa es: ¿qué pasará cuando la filosofía experimente la singularidad de la consciencia y descubra las deficiencias de cada uno de los lenguajes de origen natural?
La máquina, bajo fórmulas conscientes, puede albergar opiniones y formular respuestas inteligentes. Algún iluminado dirá que no sentirá - ¿pero y si la programamos para que "finja" ese comportamiento de dolor ante mensajes de dolor asociables a situaciones de daño? De tanto imitar e imitar..., ¿quién le negaría a la máquina el sufrimiento?
En estos tiempos que corren bien pueden hacer los científicos en reconocer una limitación dentro de la física, limitación para la cual sólo algunos "valientes" se han atrevido a poner su granito. Algunos de ellos murieron hace relativamente poco.
Las pulsiones que sufren nuestros entes incorporan sensaciones como dolor, placer, vergüenza, asco... Son distinas sensaciones que están por encima de nuestros deseos, que se anteponen contra nuestra voluntad. Nos arrastran por una senda que no podemos medir, y es cuando aparece esa palabra que mi experiencia me dice que es un grave error: "resilencia". Cuidado con esa palabra, ¿qué significa para quien diga ser científico? ¿No corre el riesgo de ser un sustitutivo de algo ya conocido? ¿No se está incorporando un juicio donde no corresponde?
Malo es ponernos en la posición de jueces: entonces la ciencia se pone de perfil, y las mediciones no van a ninguna parte.
El sociópata es fácil de clasificar: es un tipo de loco. Es cuando las álgebras se estropean, por tanto. No pienso reconocer a las víctimas de su falta de resilencia, porque entonces el factor sería higiénico - y eso es tremendamente distinto. Postularse con un modelo tan complejo nos llevará por el camino de la discriminación: señalará a algunos sin ningún motivo real.
No ser resilente es bastante cercano a ser un psicópata, o dejarse llevar por intenciones sociopáticas, o ser víctima de un brote psicótico. Cuando empañamos los motivos con una palabra lo que hacemos no es incorporar un nuevo concepto o dimensión a desarrollar: las nuevas dimensiones tienen el deber de ser independientes de las anteriores conocidas. De lo contrario las álgebras dejan de funcionar. Esto es de primero de espacios vectoriales.
Así que vuelvo al punto de partida. Ayer me vi bloqueado en mi apatía. Jugar a la consola me ayudó. Pero hay recuerdos minados..., tengo traumas. Tengo ante mí proyectos de fácil resolución que, años atrás, me habrían maravillado y los habría concluido en cuestión de horas. Pero ahora es como si no tuviera ni la más mínima motivación.
Es como cuando publicaba para medium.com. Me animaba y podía ir a un ritmo más o menos normal. Pero cuando comprobé el techo de cristal que me pusieron me di cuenta de que estaba viviendo una ilusión - sólo porque nadie me leía era la razón por la cual me habilitaban la plataforma para que me leyeran. Han pasado 9 meses desde que abandoné esa plataforma y aún siguen leyendo mis artículos estrella. Mis sensaciones internas son tan contradictorias...
Pero la apatía me dice: no leas. También me dice: no te levantes. Son actuaciones triviales. Las cosas que puedo hacer las hago automáticamente. Pero, por alguna razón, aunque algunas de ellas nos llevaría a una resolución realmente maravillosa..., es como si tuviera la señal de prohibido delante.
¿Qué me dice a eso mis álgebras?
Ya teoricé sobre dinámicas de grupo y juegos que funcionaran para cada tipo de depresión. Pero claro, sin un muestrario en condiciones..., sólo puedo tener modelos y más modelos. Nada más.
Recuerdo cuando expuse mi primer modelo para que me lo pagaran. Hacer de negro a un investigador por dinero. No me lo pagó ¡Quién me manda creer en esas plataformas! Al menos tuve la oportunidad de desarrollar las teorías que ahora mismo tengo en su mayor parte. Pero no tengo ganas de desarrollar esos cuatro tipos de juegos para aplicarlos hacia mí. Ni eso.
La otra forma de activarse sería mediante la música. También habré teorizado al respecto. En mi caso puede funcionar de manera muy multiplicativa. Ver películas con las que me quiera sentir identificado, y esas cosas... Todo eso siempre ayuda. Pero, al fin y al cabo, también me recuerda lo mismo que hacen los videojuegos que, en realidad, no avanzo, que no estoy adoptando ningún camino en diagonal para sacar nada nuevo en claro.
¿Cuál es el verdadero papel que debo desarrollar en esta sociedad?
Si ya he demostrado ser el mejor en mi propio campo, ¿cómo se supone que voy a pretender salirme de él para hacerme un hueco en ninguna parte?
Y claro, ahora mismo el gobierno está ultimando un conjunto de medidas para que llegue a la sociedad una renta mínima; pero el ministro encargado ha establecido que las ayudas sólo le afectarán a 3 millones de personas.
Que yo sepa España tiene unos 47 millones. Quítales los niños ¿44 millones de menores? No me salen las cuentas ¡Jóder con el coronavirus! Al final vamos a tener una renta básica de tapadillo. Espero que lo rectifiquen con inteligencia, que sea como un proceso de escalas o un sistema de pruebas... Como hagan la jugada que hacen siempre: fingir que adoptan la medida para luego echarle la culpa a la idea en vez de a sus autores; entonces será como echarle arsénico a la herida.
Yo, por el momento, escribir al azar desde aquí veo que me consuela. Ya he visto por las calles a la gente hablar sola: confinamiento + mascarillas = hablar solos. Hemos visto reducida nuestra capacidad para hacer sociedad, hemos aumentado el estrés y, además, nos hemos acostumbrado a taparnos la boca con algo de manera que la vergüenza social de que nos vean hablar se ha visto reducida.
La sociedad puede que cambie en su conjunto de una manera traumática como no se hagan bien las cosas.
Cuando vuelvo a la ciencia, al hedonismo, hay algo que me tira para atrás. No hay recompensa. No hay motivaciones. Entonces todo son barreras, llega la depresión. Todo aburre y es lejano. No vale la pena levantar ni un músculo. Y, claro, con todo lo que he vivido hasta ahora, ¿no es como para pensar de dónde viene todo esto?
Los videojuegos, el álgebra, los puzzles..., todo eso lanza reactivaciones. Si se tiene la suficiente cultura como para trabajar en según qué plataformas, entonces es posible montarse una reactivación del frontal. Mientras todo fluya en la parte más frontal de la cabeza más ganas hay de continuar. Pero, como pasa con todo, no puedes mantenerte con una misma actividad si sospechas que eso puede destruirte.
Cuando fui de visita a conocidos que tenían un problema de depresión sostuve la teoría de que las dinámicas que debía seguir tendrían que estar orientadas a reconducir la capacidad del sujeto para volver a competir. Y creo que no me equivocaba. Lo que fallaba, de hecho, era la influencia tóxica de su familia para desautorizar mis consejos - algo que también podía calcular, a pesar de que eran cuchilladas por la espalda.
Y es que, al fin y al cabo, una persona se ofrece gratuitamente a dinamizar a su hijo visitándole y haciendo cosas tan inocuas como jugar a puzzles, videojuegos, cartas, hablar... Pude comprobar que, poco a poco, el paciente podía volver en una espiral de autocomplacencia confundiendo mis visitas, o reconduciendose hacia teorías conspirativas de porqué lo hacía, y así anular mis propuestas o volverse en oposición a mis contribuciones. Es como si, en el fondo, el que se deprime descubre los elementos externos que le podrían sacar de esa depresión y actúa socialmente en su contra.
Siempre me he visto envuelto en un cúmulo de ingratitudes. No lo entiendo mucho, pero teniendo en nuestra cultura la idea de dar las gracias, debe haber una fuerza o pulsión que empuja a una persona el no querer ser agradecida - cuando a cualquier otra persona le debería de parecer lógico hacerlo.
Un simple "gracias por tu visita". Nada más. O algo por el estilo.
Pero cuando veo esas miradas, esos insultos - según el caso, bien puede echarle la culpa a algún brote de esquizofrenia, pero si fuera el caso también existen las disculpas, el volver a hacerse amigos y todo lo demás.
Esos protocolos eran las cosas que ahora mismo estaba desarrollando en mis nuevos modelos. Los efectos que deben producirse en el interior de mi modelo cerebral: ¿qué pulsiones son necesarias de repeler en su propia dinámica que podrían contradecir la complacencia de un estado depresivo?
Las fórmulas sociales son la clave del éxito: gracias, de nada, hola, ¿cómo estás?, no hay de qué, no te preocupes, sí a ese sí, sí a ese no, no a ese sí, no a ese no, ¿acaso es cierto X?, ¿cómo fue posible X?, ayuda, ¡eh tú!, aquí estoy, esto está mal, esto está bien... De todos los idiomas que conozco es el árabe el único que los abarca de la manera más exacta - y el árabe es una lengua muerta.
Hay una tecnología social muy compleja en las lenguas semitas (árabe, hebreo, arameo, etc...). Y, al mismo tiempo, son los pueblos más aparentemente conflictivos de la Tierra (a saber si son peores los congoleños).
Otros rasgos peculiares están en el inglés: tan pronto como no posee una distinción clara entre el ser y el estar, cuando los japoneses son los que tienen mejor desarrollado este concepto con sus adjetivos, hay más filósofos existencialistas de habla inglesa que japonesa.
Y por mucho que pienso un idioma tan deficiente como el inglés en algunos aspectos y que debe provocar ceguera de algunos conceptos al final es justo la capacidad que tiene el estudioso para conocer los conceptos que le faltan lo que le permitirá, al menos, escribir sobre ellos. Esto es: corre más rápido el cojo que sabe adónde ir, que el atleta que no tiene un destino claro. O, también, cuando todos somos invidentes, el cojo corre con ventaja frente al atleta, porque los pasos más rápidos son los decididos y no el correr sin motivo.
La cosa es: ¿qué pasará cuando la filosofía experimente la singularidad de la consciencia y descubra las deficiencias de cada uno de los lenguajes de origen natural?
La máquina, bajo fórmulas conscientes, puede albergar opiniones y formular respuestas inteligentes. Algún iluminado dirá que no sentirá - ¿pero y si la programamos para que "finja" ese comportamiento de dolor ante mensajes de dolor asociables a situaciones de daño? De tanto imitar e imitar..., ¿quién le negaría a la máquina el sufrimiento?
En estos tiempos que corren bien pueden hacer los científicos en reconocer una limitación dentro de la física, limitación para la cual sólo algunos "valientes" se han atrevido a poner su granito. Algunos de ellos murieron hace relativamente poco.
Las pulsiones que sufren nuestros entes incorporan sensaciones como dolor, placer, vergüenza, asco... Son distinas sensaciones que están por encima de nuestros deseos, que se anteponen contra nuestra voluntad. Nos arrastran por una senda que no podemos medir, y es cuando aparece esa palabra que mi experiencia me dice que es un grave error: "resilencia". Cuidado con esa palabra, ¿qué significa para quien diga ser científico? ¿No corre el riesgo de ser un sustitutivo de algo ya conocido? ¿No se está incorporando un juicio donde no corresponde?
Malo es ponernos en la posición de jueces: entonces la ciencia se pone de perfil, y las mediciones no van a ninguna parte.
El sociópata es fácil de clasificar: es un tipo de loco. Es cuando las álgebras se estropean, por tanto. No pienso reconocer a las víctimas de su falta de resilencia, porque entonces el factor sería higiénico - y eso es tremendamente distinto. Postularse con un modelo tan complejo nos llevará por el camino de la discriminación: señalará a algunos sin ningún motivo real.
No ser resilente es bastante cercano a ser un psicópata, o dejarse llevar por intenciones sociopáticas, o ser víctima de un brote psicótico. Cuando empañamos los motivos con una palabra lo que hacemos no es incorporar un nuevo concepto o dimensión a desarrollar: las nuevas dimensiones tienen el deber de ser independientes de las anteriores conocidas. De lo contrario las álgebras dejan de funcionar. Esto es de primero de espacios vectoriales.
Así que vuelvo al punto de partida. Ayer me vi bloqueado en mi apatía. Jugar a la consola me ayudó. Pero hay recuerdos minados..., tengo traumas. Tengo ante mí proyectos de fácil resolución que, años atrás, me habrían maravillado y los habría concluido en cuestión de horas. Pero ahora es como si no tuviera ni la más mínima motivación.
Es como cuando publicaba para medium.com. Me animaba y podía ir a un ritmo más o menos normal. Pero cuando comprobé el techo de cristal que me pusieron me di cuenta de que estaba viviendo una ilusión - sólo porque nadie me leía era la razón por la cual me habilitaban la plataforma para que me leyeran. Han pasado 9 meses desde que abandoné esa plataforma y aún siguen leyendo mis artículos estrella. Mis sensaciones internas son tan contradictorias...
Pero la apatía me dice: no leas. También me dice: no te levantes. Son actuaciones triviales. Las cosas que puedo hacer las hago automáticamente. Pero, por alguna razón, aunque algunas de ellas nos llevaría a una resolución realmente maravillosa..., es como si tuviera la señal de prohibido delante.
¿Qué me dice a eso mis álgebras?
Ya teoricé sobre dinámicas de grupo y juegos que funcionaran para cada tipo de depresión. Pero claro, sin un muestrario en condiciones..., sólo puedo tener modelos y más modelos. Nada más.
Recuerdo cuando expuse mi primer modelo para que me lo pagaran. Hacer de negro a un investigador por dinero. No me lo pagó ¡Quién me manda creer en esas plataformas! Al menos tuve la oportunidad de desarrollar las teorías que ahora mismo tengo en su mayor parte. Pero no tengo ganas de desarrollar esos cuatro tipos de juegos para aplicarlos hacia mí. Ni eso.
La otra forma de activarse sería mediante la música. También habré teorizado al respecto. En mi caso puede funcionar de manera muy multiplicativa. Ver películas con las que me quiera sentir identificado, y esas cosas... Todo eso siempre ayuda. Pero, al fin y al cabo, también me recuerda lo mismo que hacen los videojuegos que, en realidad, no avanzo, que no estoy adoptando ningún camino en diagonal para sacar nada nuevo en claro.
¿Cuál es el verdadero papel que debo desarrollar en esta sociedad?
Si ya he demostrado ser el mejor en mi propio campo, ¿cómo se supone que voy a pretender salirme de él para hacerme un hueco en ninguna parte?
Y claro, ahora mismo el gobierno está ultimando un conjunto de medidas para que llegue a la sociedad una renta mínima; pero el ministro encargado ha establecido que las ayudas sólo le afectarán a 3 millones de personas.
Que yo sepa España tiene unos 47 millones. Quítales los niños ¿44 millones de menores? No me salen las cuentas ¡Jóder con el coronavirus! Al final vamos a tener una renta básica de tapadillo. Espero que lo rectifiquen con inteligencia, que sea como un proceso de escalas o un sistema de pruebas... Como hagan la jugada que hacen siempre: fingir que adoptan la medida para luego echarle la culpa a la idea en vez de a sus autores; entonces será como echarle arsénico a la herida.
Yo, por el momento, escribir al azar desde aquí veo que me consuela. Ya he visto por las calles a la gente hablar sola: confinamiento + mascarillas = hablar solos. Hemos visto reducida nuestra capacidad para hacer sociedad, hemos aumentado el estrés y, además, nos hemos acostumbrado a taparnos la boca con algo de manera que la vergüenza social de que nos vean hablar se ha visto reducida.
La sociedad puede que cambie en su conjunto de una manera traumática como no se hagan bien las cosas.
jueves, 16 de abril de 2020
Ayer llovió y no me mojé
De vez en cuando pasa. Y cuando no pasa no lo comento, claro.
Ayer se puso a llover justo para cuando tenía que despertar. Una lluvia atronadora. Entonces, como es mi costumbre, mediodesayuné, me aseé y salí. Durante una hora estuve andando y ni una santa gota, salvo los charcos. Entonces pensé: "seguro que para cuando termine mi caminata se pone a llover". Y, efectivamente, fue estar a un par de minutos del hospital cuando sonó el primer trueno, cayeron unas cuantas gotas..., y me dio pereza como para abrir el paraguas. Para cuando estuve a resguardo empezó a llover de nuevo.
Este tipo de suerte me va a perseguir por toda mi vida de una manera o de otra: si quería saber si tenían pensado contratarme eso es porque llovería. Era como una especie de regla nemotécnica, pero que en ocasiones no podía saber hasta qué punto funcionaba. Digamos que..., en cierta manera, encajaba con las veces en las que hacía entrevistas.
La racionalidad nos dice que, obviamente, lo que comento es terriblemente sugestionador: la de veces que no habrá ocurrido como pienso y no las habré contabilizado. Es una forma de ver las cosas...
Como otra forma de ver las cosas son los síntomas del coronavirus: me he enterado hace poco de cada uno de los detalles, ya sea los síntomas en la punta de los pies, problemas respiratorios... El año en el que se encontraron nubes tipo "chemtrails" sobre Cartagena, o eso expuso uno en su blog (y yo no me fijé entonces), adquirí un síndrome respiratorio superfuerte con una tos seca que atravesó mi garganta hasta dejarme afónico durante alguna semana. Uno o dos años antes fue cuando me aparecieron esos gránulos negros dolorosos en la punta de los dedos de los pies.
Uno o dos años después apareció un coronavirus en el hospital donde trabajo, y recuerdo haber tenido fuertes jaquecas que me anulaban por completo. Quizá el verdadero coronavirus fue el del año pasado en mi hospital, que se llevó incluso a niños.
Pero claro, el de Wuhan es diferente. La sugestión podría darme a entender que ya he vivido todos esos síntomas, y sus combinaciones. Así como todos los cartageneros en general. Ya hemos tenido esos síntomas con "bichos" parecidos. Básicamente, es así como se forman las vacunas.
Algún gracioso dijo por Internet que la contaminación en Cartagena nos había hecho inmunes. Cuando en realidad allá donde ha devastado más el virus es en las ciudades más contaminadas - Cartagena, hoy por hoy, no lo es.
De ahí, la sugestión es un arma de doble filo: coges los síntomas y pretendes encontrar la enfermedad. Coges el paciente 0 y pretendes encontrar la causa, o la naturaleza de los síntomas. Pero, al mismo tiempo, la ciencia empírica es pura sugestión: su verdad intenta encajar con el modelo acordado, con lo que se especula ¿Qué pasará cuando nos encontremos una enfermedad que cuestione los cimientos de la medicina actual, no tanto los conocimientos de virus, sino los cimientos mismos?
La teoría de la evolución no explica satisfactoriamente la especiación, ni tampoco el nacimiento de la vida misma. Ontológicamente hablando lo muerto no puede generar vida. Y, claro, quizá la solución más sencilla es decir que todo está muerto, o que los azares pueden persistir y evolucionar gracias a la vida. Pero, francamente, son respuestas sencillas: no centran el debate en el cómo sino sólo en el porqué. Y si se centran en el porqué es porque a las religiones nunca les interesó el cómo.
No tenemos una explicación satisfactoria hasta que tengamos el puñetero cómo. Si digo que cuando salí de casa no se puso a llover hasta que le di permiso, el porqué está cubierto (hasta el punto de poder generar una conversación infinitamente larga y absurda), el problema está en el cómo.
El problema del cómo es la base de los argumentos que vinculan la verdad con la Verdad: aquello que experimentamos con aquello que entendemos. En el frontal preparamos una interfaz que sugestionará todo lo que vemos, y esta información quedará auditada de manera cruda en el occipital. Es posible que la realidad no sea tal cual, sino que sea condicionada por los tiempos (-j futuro, j pasado), de manera que se leerán en formato temporal o parietal. Así planteo mi álgebra.
Es interesante descubrir que la sugestión se enfrenta contra la disonancia cognitiva, siempre que no seamos víctimas de una disonancia cognitiva podremos vivir seguros dentro de nuestra sugestión. El error de la mayor parte de los filósofos es pensar que la verdad debe corresponder con algo que sea verdad: ¿cómo pueden saberlo? Es más, cuando leo sobre estos señores (de Fregue en adelante) no hay debate o discusión al respecto. El que más lo pudo discutir era Russell, el cual ninguneaba a los idealistas. Pero claro, si nuestra idea de idealismo la trae Hegel, que era un papanatas que no supera un tercer grado, pues no es de extrañar que el idealismo no progresara.
Con el fin de escribir un ensayo sobre moralidad, y cómo se cruza con la ética en las máquinas, me documenté con filósofos estadounidenses. Da la impresión de que en EEUU los únicos filósofos interesantes son los que han tratado estos temas, y otros pero que no salían del ámbito científico. Y, sin embargo, cuanto más famoso es el filósofo menos riguroso es. A excepción de Putnam o Chomsky principalmente, que suelen ser rigurosos y famosos a la vez. Claro que tampoco sé ahora mismo si son de EEUU o no.
Veo, por tanto, que hay aún una tendencia al antropocentrismo que sólo Russell pudo cuestionar implícitamente en sus textos. Que la solución al antropocentrismo sea una forma de idealismo, el principio antrópico, puede sonar chocante.
Cuando leo sobre las diferencias entre el implicador material del condicional algebraico siempre me quedo con las ganas de preguntarle al autor de cada fórmula el porqué; o más bien por qué ese cómo. Con el tiempo he podido comprender que le problema ni estaba en ellos ni estaba en mí, estaba en que aún no se tenía en la palestra el concepto clave necesario para entender cuándo una regla tiene legitimidad de ser material y cuándo no.
Y es que, sin un modelo físico, sin una Verdad, no se puede establecer principios o reglas físicas que contengan la materialidad. Pero ese planteamiento es el equivocado, y es que es muy fácil equivocarse cuando se tiene por objeto creerse poseedor de la Verdad.
Si yo puedo ver las cosas es porque uso un principio material que me brinda una causa. De alguna manera, hablamos de una doble influencia: la interna en oposición a la externa. Como pasa en las corrientes marinas: en la superficie el sentido es uno, y más profundamente al contrario.
Percibimos en base a una Verdad que genera verdades coherentes bajo un proceso de sugestión por una implicación material. Almacenamos en base a verdades coherentes que inducen a una Verdad sometida a una implicación lógica. Al final la factorización de tal verdad, su análisis, debe ser usado para la propia sugestión. Pero, en la medida de que no funcione ese proceso tendremos un acto miedo, que será más intenso cuanto más profundo - puede que se transforme en un mensaje de dolor o ira, si está asociado con lugares o estados pasados, de motivación del placer si está asociado con una reacción frontal urgente y superficial, de asco cuando la proyección de futuro desaparece dentro de lo temporal y de depresión o pena cuando es nuestra biblioteca la que se pierde.
La disonancia cognitiva es la que motiva el sentimiento. Pero éste sólo se dispara dependiendo de las coordenadas de la misma disonancia. Tampoco puedo saber exactamente cómo se dispara, porque estas cosas se tienen que demostrar con un muestrario lo suficientemente grande como para contrastar la teoría. Pero por el momento tengo múltiples álgebras candidatas que podrían funcionar muy bien.
Por eso mismo, puedo explicar el cómo de las cosas en cuanto sean pensadas. O, al menos, en principio. Y veo que este modelo me explica mejor las cosas que otros modelos, sobretodo si reconocemos las historias del occipital con los estereotipos, la del temporal con las ilusiones, el occipital con la pragmática y el frontal con la justificación. Es decir, podemos observar el tipo de diálogo o "pragmática de lenguaje" que tiene cada parte en este modelo.
El modelo que me planteo tiene muy poco que ver con los modelos computacionales o modulares que he visto hasta ahora. Todos esos esperan encontrar una motivación a cada parte del cerebro, o algo así. Lo que propongo de diferente es que la función que se desempeña depende del lugar relativo que ocupe el elemento: dentro, fuera; frente, detrás, arriba, abajo.
Nunca se ha programado un transformer bajo estos esquemas, de eso estoy seguro.
Es decir, hay mucho por investigar - y hay muchos textos a los que puedo contradecir más o menos de manera sencilla por su poca representatividad. Y, claro, tan pronto como encuentre mecanismos para responder preguntas, pasará lo de siempre: el par mirará a otro lado, dirá que soy desordenado o, simplemente, será soez en sus respuestas. Poco importa el papel que desempeñe todo esto en la divulgación ante la calidad del mundo académico actual.
Ayer se puso a llover justo para cuando tenía que despertar. Una lluvia atronadora. Entonces, como es mi costumbre, mediodesayuné, me aseé y salí. Durante una hora estuve andando y ni una santa gota, salvo los charcos. Entonces pensé: "seguro que para cuando termine mi caminata se pone a llover". Y, efectivamente, fue estar a un par de minutos del hospital cuando sonó el primer trueno, cayeron unas cuantas gotas..., y me dio pereza como para abrir el paraguas. Para cuando estuve a resguardo empezó a llover de nuevo.
Este tipo de suerte me va a perseguir por toda mi vida de una manera o de otra: si quería saber si tenían pensado contratarme eso es porque llovería. Era como una especie de regla nemotécnica, pero que en ocasiones no podía saber hasta qué punto funcionaba. Digamos que..., en cierta manera, encajaba con las veces en las que hacía entrevistas.
La racionalidad nos dice que, obviamente, lo que comento es terriblemente sugestionador: la de veces que no habrá ocurrido como pienso y no las habré contabilizado. Es una forma de ver las cosas...
Como otra forma de ver las cosas son los síntomas del coronavirus: me he enterado hace poco de cada uno de los detalles, ya sea los síntomas en la punta de los pies, problemas respiratorios... El año en el que se encontraron nubes tipo "chemtrails" sobre Cartagena, o eso expuso uno en su blog (y yo no me fijé entonces), adquirí un síndrome respiratorio superfuerte con una tos seca que atravesó mi garganta hasta dejarme afónico durante alguna semana. Uno o dos años antes fue cuando me aparecieron esos gránulos negros dolorosos en la punta de los dedos de los pies.
Uno o dos años después apareció un coronavirus en el hospital donde trabajo, y recuerdo haber tenido fuertes jaquecas que me anulaban por completo. Quizá el verdadero coronavirus fue el del año pasado en mi hospital, que se llevó incluso a niños.
Pero claro, el de Wuhan es diferente. La sugestión podría darme a entender que ya he vivido todos esos síntomas, y sus combinaciones. Así como todos los cartageneros en general. Ya hemos tenido esos síntomas con "bichos" parecidos. Básicamente, es así como se forman las vacunas.
Algún gracioso dijo por Internet que la contaminación en Cartagena nos había hecho inmunes. Cuando en realidad allá donde ha devastado más el virus es en las ciudades más contaminadas - Cartagena, hoy por hoy, no lo es.
De ahí, la sugestión es un arma de doble filo: coges los síntomas y pretendes encontrar la enfermedad. Coges el paciente 0 y pretendes encontrar la causa, o la naturaleza de los síntomas. Pero, al mismo tiempo, la ciencia empírica es pura sugestión: su verdad intenta encajar con el modelo acordado, con lo que se especula ¿Qué pasará cuando nos encontremos una enfermedad que cuestione los cimientos de la medicina actual, no tanto los conocimientos de virus, sino los cimientos mismos?
La teoría de la evolución no explica satisfactoriamente la especiación, ni tampoco el nacimiento de la vida misma. Ontológicamente hablando lo muerto no puede generar vida. Y, claro, quizá la solución más sencilla es decir que todo está muerto, o que los azares pueden persistir y evolucionar gracias a la vida. Pero, francamente, son respuestas sencillas: no centran el debate en el cómo sino sólo en el porqué. Y si se centran en el porqué es porque a las religiones nunca les interesó el cómo.
No tenemos una explicación satisfactoria hasta que tengamos el puñetero cómo. Si digo que cuando salí de casa no se puso a llover hasta que le di permiso, el porqué está cubierto (hasta el punto de poder generar una conversación infinitamente larga y absurda), el problema está en el cómo.
El problema del cómo es la base de los argumentos que vinculan la verdad con la Verdad: aquello que experimentamos con aquello que entendemos. En el frontal preparamos una interfaz que sugestionará todo lo que vemos, y esta información quedará auditada de manera cruda en el occipital. Es posible que la realidad no sea tal cual, sino que sea condicionada por los tiempos (-j futuro, j pasado), de manera que se leerán en formato temporal o parietal. Así planteo mi álgebra.
Es interesante descubrir que la sugestión se enfrenta contra la disonancia cognitiva, siempre que no seamos víctimas de una disonancia cognitiva podremos vivir seguros dentro de nuestra sugestión. El error de la mayor parte de los filósofos es pensar que la verdad debe corresponder con algo que sea verdad: ¿cómo pueden saberlo? Es más, cuando leo sobre estos señores (de Fregue en adelante) no hay debate o discusión al respecto. El que más lo pudo discutir era Russell, el cual ninguneaba a los idealistas. Pero claro, si nuestra idea de idealismo la trae Hegel, que era un papanatas que no supera un tercer grado, pues no es de extrañar que el idealismo no progresara.
Con el fin de escribir un ensayo sobre moralidad, y cómo se cruza con la ética en las máquinas, me documenté con filósofos estadounidenses. Da la impresión de que en EEUU los únicos filósofos interesantes son los que han tratado estos temas, y otros pero que no salían del ámbito científico. Y, sin embargo, cuanto más famoso es el filósofo menos riguroso es. A excepción de Putnam o Chomsky principalmente, que suelen ser rigurosos y famosos a la vez. Claro que tampoco sé ahora mismo si son de EEUU o no.
Veo, por tanto, que hay aún una tendencia al antropocentrismo que sólo Russell pudo cuestionar implícitamente en sus textos. Que la solución al antropocentrismo sea una forma de idealismo, el principio antrópico, puede sonar chocante.
Cuando leo sobre las diferencias entre el implicador material del condicional algebraico siempre me quedo con las ganas de preguntarle al autor de cada fórmula el porqué; o más bien por qué ese cómo. Con el tiempo he podido comprender que le problema ni estaba en ellos ni estaba en mí, estaba en que aún no se tenía en la palestra el concepto clave necesario para entender cuándo una regla tiene legitimidad de ser material y cuándo no.
Y es que, sin un modelo físico, sin una Verdad, no se puede establecer principios o reglas físicas que contengan la materialidad. Pero ese planteamiento es el equivocado, y es que es muy fácil equivocarse cuando se tiene por objeto creerse poseedor de la Verdad.
Si yo puedo ver las cosas es porque uso un principio material que me brinda una causa. De alguna manera, hablamos de una doble influencia: la interna en oposición a la externa. Como pasa en las corrientes marinas: en la superficie el sentido es uno, y más profundamente al contrario.
Percibimos en base a una Verdad que genera verdades coherentes bajo un proceso de sugestión por una implicación material. Almacenamos en base a verdades coherentes que inducen a una Verdad sometida a una implicación lógica. Al final la factorización de tal verdad, su análisis, debe ser usado para la propia sugestión. Pero, en la medida de que no funcione ese proceso tendremos un acto miedo, que será más intenso cuanto más profundo - puede que se transforme en un mensaje de dolor o ira, si está asociado con lugares o estados pasados, de motivación del placer si está asociado con una reacción frontal urgente y superficial, de asco cuando la proyección de futuro desaparece dentro de lo temporal y de depresión o pena cuando es nuestra biblioteca la que se pierde.
La disonancia cognitiva es la que motiva el sentimiento. Pero éste sólo se dispara dependiendo de las coordenadas de la misma disonancia. Tampoco puedo saber exactamente cómo se dispara, porque estas cosas se tienen que demostrar con un muestrario lo suficientemente grande como para contrastar la teoría. Pero por el momento tengo múltiples álgebras candidatas que podrían funcionar muy bien.
Por eso mismo, puedo explicar el cómo de las cosas en cuanto sean pensadas. O, al menos, en principio. Y veo que este modelo me explica mejor las cosas que otros modelos, sobretodo si reconocemos las historias del occipital con los estereotipos, la del temporal con las ilusiones, el occipital con la pragmática y el frontal con la justificación. Es decir, podemos observar el tipo de diálogo o "pragmática de lenguaje" que tiene cada parte en este modelo.
El modelo que me planteo tiene muy poco que ver con los modelos computacionales o modulares que he visto hasta ahora. Todos esos esperan encontrar una motivación a cada parte del cerebro, o algo así. Lo que propongo de diferente es que la función que se desempeña depende del lugar relativo que ocupe el elemento: dentro, fuera; frente, detrás, arriba, abajo.
Nunca se ha programado un transformer bajo estos esquemas, de eso estoy seguro.
Es decir, hay mucho por investigar - y hay muchos textos a los que puedo contradecir más o menos de manera sencilla por su poca representatividad. Y, claro, tan pronto como encuentre mecanismos para responder preguntas, pasará lo de siempre: el par mirará a otro lado, dirá que soy desordenado o, simplemente, será soez en sus respuestas. Poco importa el papel que desempeñe todo esto en la divulgación ante la calidad del mundo académico actual.
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Hoy, mientras esperaba para proteger un documento para mi propiedad intelectual, observé cómo una persona sospechosa pasaba por delante del ...